1. Tres copas


    Fecha: 04/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: LucasDario, Fuente: TodoRelatos

    ... camarero: un chico de piel morena, pelo a lo afro y dientes blanquísimos. Se rieron con complicidad, como si compartieran un secreto o una broma privada. La escena fue rápida, sin mayor importancia, pero despertó una leve punzada en ella, una mezcla de intriga y ligera frustración. Había algo más en ese joven que le resultaba inesperadamente magnético.
    
    Y sin embargo, algo en ella se removió. Un pequeño cambio de ritmo en la velada. Un detalle mínimo que había roto la monotonía pulida de aquella noche.
    
    Se giró lentamente, de nuevo hacia el jardín, con la sensación de que tal vez no estaba todo perdido.
    
    Entonces, el camarero moreno apareció de pronto a su lado, con una bandeja en la mano y una copa servida especialmente para ella. Le dedicó una sonrisa abierta, cálida, y con un suave acento portugués —o quizás brasileño, no estaba segura— le ofreció la copa:
    
    —¿Le apetece una copa de vino blanco? Este es especial, del Algarve.
    
    Sofía lo miró sorprendida, pero sin dejar de sonreír. Tomó la copa con elegancia, y por un instante sus dedos rozaron los de él. Apenas fue un segundo, pero sintió una chispa leve, un eco curioso en su interior.
    
    —Gracias —dijo simplemente, sin añadir nada más.
    
    El camarero inclinó levemente la cabeza, como si agradeciera también el momento.
    
    —Espero que le guste. A mí me recuerda a casa —añadió, sin perder la amabilidad profesional pero con un destello sincero en la mirada.
    
    Sofía alzó una ceja, interesada.
    
    —¿Eres del ...
    ... Algarve?
    
    —De Lagos —respondió él—. Aunque llevo unos años aquí, siempre vuelvo en cuanto puedo.
    
    —Nunca he estado —dijo Sofía—. Aunque he escuchado maravillas.
    
    El camarero sonrió, bajando un poco el tono de voz, como si compartiera una confidencia.
    
    —Entonces tiene que ir. Le encantaría. No es solo la costa… es el ritmo, la forma en que el tiempo se diluye allí.
    
    Ella sostuvo la copa a media altura, pensativa.
    
    —¿Y tú qué haces aquí, en lugar de estar allá?
    
    Él se encogió de hombros, sin perder la sonrisa.
    
    —A veces uno necesita salir para recordar de dónde viene… —la miró un segundo más de lo necesario—. Y a veces encuentra motivos inesperados para quedarse un poco más.
    
    Ella no respondió de inmediato. Sintió que el aire a su alrededor se volvía un poco más denso, más íntimo.
    
    —¿Cuál es tu nombre?
    
    —Tiago.
    
    —Encantada, Tiago. Yo soy Sofía.
    
    Él asintió con una mezcla de respeto y complicidad.
    
    —Un nombre precioso —dijo, antes de girarse suavemente, sin romper el ritmo de su trabajo—. Disfrútelo.
    
    Y se alejó.
    
    Sofía se quedó mirando el vino, luego al horizonte que se abría sobre el mar. Bebió un sorbo. Estaba fresco, afrutado, delicioso.
    
    Durante unos minutos, apenas habló con nadie. Un par de señores más preocupados en sus piernas que en su conversación, un par de señoritas histriónicas y con demasiada silicona... pero todo era una buena excusa para alternar miradas furtivas con aquellos dos hombres, uno en la barra, sirviendo copas sin parar, el otro ...
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