1. Unos vecinos influencers 8. A TETAS DESNUDAS


    Fecha: 07/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos

    CAPÍTULO 8
    
    A TETAS DESNUDAS CONTRA EL BARANDAL
    
    "Dicen que la luna es testigo de los secretos más sucios, la cómplice silenciosa de lo que nunca debería ser visto. Esa noche, mientras la brisa jugaba con las cortinas del dormitorio vacío, alumbró sin piedad la verdad que ya no podía ignorar: el amor conyugal es como el cristal del balcón donde ahora se retorcían—frágil, transparente, y cuando se rompe, los cortes no solo sangran... dejan cicatrices que pican cada vez que pasa él por delante."
    
    Me desperté en medio de la noche, sobresaltado. No había nadie a mi lado: el lado de la cama donde Clara solía estar estaba frío, vacío. Extendí la mano en busca de su presencia, encontré el hueco helado y mis pensamientos se enredaron al instante: ¿Dónde está Clara?
    
    El silencio de la habitación se rompió con un golpe seco, seguido de un crujido extraño, como si algo cediera en la noche. Mi corazón dio un vuelco. Me incorporé, consciente del latido acelerado que me martillaba en las sienes. Empujé la puerta con manos que temblaban y los ruidos crecieron, más intensos, más urgentes. Venían desde el balcón.
    
    Con pasos temblorosos, guiado por el miedo, me acerqué a la ventana. La oscuridad parecía palpitar. ¿Un ladrón? ¿Y Clara? ¿Y Gael? ¿Y Alex? Las preguntas se amontonaban en mi mente y el frío se volvía tembloroso en mi interior.
    
    Cada vibración del suelo, cada sombra proyectada por la luz de la ciudad se transformaba en amenaza. Temía lo peor, pero no sabía qué forma ...
    ... tomaría. Con el aliento contenido, me acerqué, sintiendo cómo la tensión se hacía densa en el aire. Y entonces lo entendí: había un misterio esperado, vivo, latiendo en la noche callada… y yo estaba justo en su centro.
    
    Los ruidos crecían. Un jadeo entrecortado. Un chasquido húmedo, rítmico, obsceno.
    
    Y entonces, la voz de Clara.
    
    —¡Dios, Teddy! ¡Así!
    
    El aire se me heló en los pulmones. No.No, no, no.
    
    Pero mis pies, traicioneros, siguieron avanzando hacia el balcón, hacia esa puerta entreabierta donde la luna se filtraba como una cómplice.
    
    Y ahí los vi.
    
    Clara.
    
    Mi mujer, mi Clara, doblada sobre la barandilla del balcón, con las tetas al aire, redondas y perfectas, balanceándose con cada embestida. Sus manos, esas manos que firmaron nuestro matrimonio, aferradas con fuerza al hierro forjado, los nudillos blancos de tanto apretar. Su vestido de dormir—el de seda negra que le regalé en nuestro aniversario—arrugado en la cintura, dejando al descubierto ese culo que ahora brillaba húmedo bajo la luz plateada.
    
    Y Teddy.
    
    Completamente desnudo.
    
    Más musculoso, más animal que nunca, con esos malditos abdominales marcados contrayéndose con cada movimiento. Sus manos, grandes, dominantes, agarraban las caderas de Clara, hundiéndola contra él con una fuerza que hacía crujir la barandilla.
    
    —Grita—le ordenó, su voz un gruñido—. Quiero que todo el vecindario sepa quién te folla ahora.
    
    Y Clara, mi Clara, obedeció.
    
    Un gemido largo, tembloroso, que se perdió en ...
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