1. Cuando Todo Cambia


    Fecha: 08/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... una sonrisa, la misma que usaba en las cenas familiares o cuando alguien le decía «qué suerte tienes de tener un hija tan linda». Se sentó junto a Sarita y la atrajo hacia su regazo. La niña no protestó, pero tampoco sonrió. Tony apretó el obturador. El clic seco de la cámara rompió el silencio. Esa noche se acostaron temprano. Sarita había caído rendida tras el tercer cuento —aunque nunca pedía cuentos, solo los escuchaba en silencio, mirando al techo como si buscara otra historia más allá de las palabras. Molly le acarició el cabello hasta que su respiración se hizo rítmica, luego se levantó despacio y apagó la lámpara. En la habitación, todo parecía en orden: la colcha extendida, la ropa doblada sobre la silla, el silencio de un hogar que ha cumplido con el deber de festejar. Tony se cambió sin decir nada, y se metió en la cama con movimientos automáticos. Molly se demoró más, como si necesitara recorrer la casa con la mente antes de apagarse del todo. Cuando finalmente se acostó, no se acercó a él. Miró al techo por un rato, las luces de la calle entrando a rayas por las cortinas. Y entonces, sin ruido, sin sacudidas, sin siquiera una respiración temblorosa, rompió en llanto. Un llanto suave, contenido, como si hasta el dolor debiera ser discreto. Le caían lágrimas tibias por las mejillas hasta empapar la almohada. Pensaba en todo y en nada: en lo sola que se sentía, en el esfuerzo de sonreír, en la certeza de haber perdido algo de sí misma que no sabía cómo recuperar. ...
    ... Tony no se movió al principio. Pero la conocía. Habían compartido suficientes inviernos como para saber cuándo ella fingía dormir, cuándo callaba con intención, y cuándo, como ahora, lloraba intentando ser invisible. Giró el rostro hacia ella y, con una voz baja, apenas un susurro, dijo: —Molly… ¿estás llorando? Ella se quedó quieta, como si el reconocimiento la expusiera más. —No —respondió al fin, con la voz rota por la mentira. Tony no insistió. Se acercó lentamente y le tocó el hombro con torpeza, como si no supiera si podía hacerlo. Ella no se apartó, pero tampoco respondió al gesto. El silencio volvió a instalarse, más pesado que antes. —Estoy… cansada —dijo ella, como si esa palabra pudiera abarcarlo todo: el cuerpo, la mente, el amor, el miedo. Tony asintió, aunque ella no lo vio. —Yo también —dijo él. Pasaron unos minutos sin hablar. Luego, Tony se atrevió: —No sabía que te dolía tanto. Molly se giró hacia él, los ojos hinchados y húmedos, la cara desencajada por la tristeza. —Ni yo —murmuró. El cuarto estaba en penumbra, apenas iluminado por las luces navideñas que se colaban a través de las cortinas. El silencio era tan frágil como una hoja de invierno a punto de romperse. Molly seguía con los ojos húmedos, acostada de lado, de espaldas a Tony. Él no la había tocado más desde aquel roce en el hombro. Pero no dormía. Ninguno de los dos lo hacía. Fue ella quien habló de nuevo, con la voz rasgada, pero firme: —¿Tú… me sigues queriendo? Tony no respondió de inmediato. No ...
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