1. Cuando Todo Cambia


    Fecha: 08/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... tiempo que intentaba recordar la ultima vez que Tony le había hecho sexo anal, no logro hacerlo, lo que si recordó era lo fuerte que a él le gustaba, y por qué mentir, a ella también. Gritaba al mismo tiempo que Tony avanzaba sin reparo sobre ella, hasta que sus testículos chocaban con las grandes nalgas de Molly. —Te extrañaba mi putita —le dijo Tony, con un bufido que salía de lo más profundo de su garganta. Mientras Molly gemía, intentando reprimir su llanto. —Había olvidado lo bien que se siente tu culo, ¿Esto querías, no? Puta Molly apenas movía su cabeza al ritmo de las cada vez más fuertes penetraciones, y era verdad, a Molly le encantaba sentirse usada por él, por su Tony. Tony salió de su ano e inmediatamente aproximo su verga a la cara de su esposa, como siempre hacían en el pasado. Molly, consciente de lo que debía hacer, en un solo movimiento atrapo la verga de Tony hasta su garganta. Molly hacía muchos años había aprendido de su condición durante el sexo con su esposo, de hecho lo disfrutaba y lo había extrañado desde su embarazo. —¿Te gusta puta? —A Molly le encantaba que su esposo le hablara mientras tenían sexo, que la llamara por lo que era en esas ocasiones, una puta. Sus tetas ahora se movían rítmicamente a medida que metía y sacaba la verga de su esposo de su boca y concentrada en su tarea no tenía mente para percibir el ardor que debía continuar latente en su ano. Molly succionaba desesperadamente esa verga que tantas veces antes la había hecho feliz. ...
    ... —Eres mi puta y te voy a dar la leche para que te duermas — Molly asintió con la verga de Tony en su boca. De repente, la puerta se abrió con ese chirrido leve que ambos conocían bien, y allí estaba Sarita. Pequeña, con el pijama verde arrugado y un peluche apretado contra el pecho, parada en el umbral con los rizos despeinados y la expresión seria que solía tener incluso al dormir. Molly se incorporó enseguida, cubriéndose con la sábana en un gesto instintivo, pero sin sobresalto. Tony, en cambio, giró la cabeza y sonrió con suavidad, sin cubrirse, aun arrodillado sobre la cama y con la verga apuntando a Molly. —Hola, princesa —susurró él. Sarita no dijo nada. Avanzó en silencio hasta el borde de la cama, con ese caminar adormilado de las niñas que no saben si están soñando o despiertas. Molly le extendió los brazos, y ella se subió con torpeza, acomodándose entre ellos como si ese fuera su lugar natural. —¿Tuviste una pesadilla? —preguntó ella, acariciándole la espalda. Sarita negó con la cabeza. Luego murmuró algo, tan bajo que apenas la oyeron. —¿Qué dijiste, amor? —preguntó Tony, acercándose más, su verga palpitaba excitada a escasos centímetros de los rostros de su esposa y su hija. —Escuché que ustedes… estaban tristes. La frase los dejó quietos. Molly sintió un nudo subiéndole por la garganta. La abrazó más fuerte. —Ya no, mi amor. Ya no estamos tristes. Tony acarició su mejilla también, y por primera vez en mucho tiempo, los tres se sintieron como una familia entera. No ...
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