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Cuando Todo Cambia
Fecha: 08/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... por duda, sino porque la pregunta lo golpeó en un lugar que él mismo había dejado de visitar. Se incorporó ligeramente, apoyado sobre un codo. —Sí —dijo con una honestidad que no necesitaba adornos—. Pero creo que nos hemos olvidado de cómo hacerlo. Molly giró despacio hasta quedar frente a él. Por un momento se miraron como dos personas que se reconocen tras un largo viaje, sorprendidas por los rastros del tiempo en el rostro del otro. —Yo también te quiero —susurró—. Pero me he sentido tan sola… Tony bajó la mirada. —Yo también. Pensé que tenía que ser fuerte. Que si me enfocaba en cuidar de ustedes, lo demás se acomodaría solo. —Y yo pensaba que si no molestaba, si no me quejaba, si no decía nada… tal vez todo volvería a sentirse bien. Hubo un silencio tierno, distinto al de antes. Un silencio que no pesaba. Tony extendió la mano y le acarició la mejilla con torpeza, como si reaprendiera el gesto. Molly cerró los ojos al sentir su tacto, y se dejó hacer. Él se acercó más, apoyando la frente contra la de ella. —Te extraño —dijo él. —Yo también te extraño —respondió Molly, con un nudo en la garganta. Y entonces, sin planes, sin dramatismos, sin prisa, se besaron. Fue un beso lento, casi torpe, pero honesto. No era pasión de reencuentro ni alivio inmediato: era un acto de reconocimiento. Un “aquí estoy”, un “aún somos nosotros” entre todo lo demás. Se abrazaron sin dejar de besarse. Se abrazaron por largo rato, como si en ese gesto pudieran volver a armar los fragmentos ...
... dispersos del otro. La mano de Tony acariciaba el cabello de Molly con un ritmo tranquilo, y ella se quedó así, permitiendo la entrada de la lengua de él en su boca y escuchando su respiración. Ambos sabían que al día siguiente nada sería perfecto. Que Sarita seguiría despertando temprano, que el cansancio seguiría allí. Pero esa noche, por primera vez en mucho tiempo, sintieron que no estaban solos. Se buscaron con lentitud, sin apuro, desvistiendo más la tristeza que las ropas. Cada caricia era también una disculpa, un “perdón por haber estado lejos”, un “aquí sigo”. Los senos de Molly quedaron al descubierto y Tony, con esa mezcla de torpeza y deseo los acarició. No hubo prisa ni artificio. Solo dos cuerpos reencontrándose porque, por fin, sus almas se habían dado permiso. Después, ella se volteó sobre su propio pecho, recordando lo mucho que esa posición le gustaba a su esposo, no había necesidad de mucho más preámbulo. Respirando con calma por primera vez en mucho tiempo Tony se colocó sobre ella, admiró por un instante esa cola que llevaba tanto tiempo sin tocar, sin probar. Abrió las nalgas con sus manos y escupió en el ano de Molly, con su mano esparció la saliva alrededor y aprovechó para meter un dedo y hacer un torpe trabajo de dilatación. Cuando se sintió preparado, se acomodó sobre ella, le acarició el cabello, y aunque no hablaban, había algo distinto en el aire: una quietud cálida, una complicidad tímida, un puente reconstruido. La penetró. Molly sintió dolor al ...