-
Compañeros - Capítulo 19: Yogurines
Fecha: 12/07/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... corpulento hacía las veces de portero, apoyado contra la pared. —Buenas noches —saludó el tipo, mirándolos de arriba abajo. Tendría unos cuarenta años, con brazos cruzados y camiseta negra ajustada. Luis notó sus ojos evaluándolos—. ¿Sabéis adónde estáis entrando? —Sí —asintió Luis con firmeza, aunque la boca se le secó un poco—. Venimos… a ver el ambiente. Jordi y Arnau asintieron detrás, intentando mostrarse relajados. El portero soltó una risita nasal. —Está bien. Carnets, por favor. Cada uno le mostró su DNI. El hombre los chequeó por encima. —¿Dieciocho recién, eh? Vaya, hoy venís jovencitos… —comentó, alzando una ceja—. Pasad, pasad. Pero tened respeto y cuidadito. Si montáis líos, os echo a la primera. —Claro, sin problema —respondió Jordi rápidamente. Arnau tragó saliva de nuevo. Los dejaron pasar a través de unas cortinas rojas pesadas. Lo que vieron al otro lado los dejó impresionados. El local no era muy grande, pero sí íntimo: luces tenues rojas y violetas iluminaban un amplio salón alfombrado, con sofás de cuero negro arrimados a las paredes y mesas bajas con velas encendidas. En una esquina sonaba la música chill out desde unos altavoces. Había alrededor de una veintena de personas repartidas, conversando en voz baja o bebiendo. En efecto, la mayoría parecían mayores que ellos: parejas de treinta o cuarenta años, algún que otro hombre solo en la barra y un par de mujeres solas en un sofá, vestidas provocativamente. No había ninguna orgia ...
... pública ni gente desnuda a la vista, pero el ambiente rezumaba sexo de forma sutil. Se notaba en las miradas, en cómo algunas mujeres reían demasiado cerca del oído de hombres que no eran sus parejas, o en cómo ciertos tipos observaban a todos con expresión lasciva. Al ingresar los tres chicos juntos, varias cabezas se volvieron hacia ellos. Era inevitable: destacaban como un trébol verde en un jardín seco. Tres chavales jóvenes, atractivos y recién llegados, eran una novedad jugosa. Luis sintió esos ojos evaluándolos; se puso un poco tenso, pero sacó pecho y avanzó con seguridad fingida hacia la barra. Jordi y Arnau lo siguieron de cerca, este último ajustándose las gafas por puro tic nervioso. —Tranquilos, como si nada —susurró Luis por lo bajo—. Pidamos algo. El camarero, un tipo con chaleco y pajarita, les sonrió al acercarse. —¿Qué os pongo? —Tres cervezas, por favor —pidió Jordi. Sacó un billete, pero antes de que el camarero lo cogiera, una voz femenina a su lado dijo: —Déjalo, cariño, estas las pago yo. Los chicos se giraron. Junto a ellos, apoyada en la barra, estaba una mujer de unos cincuenta años que les sonreía coquetamente. Llevaba un vestido ceñido color verde esmeralda, que aunque elegante revelaba un cuerpo voluptuoso para su edad. Su escote generoso exhibía unos pechos aún firmes, y olía a un perfume intenso de noche. Tenía el pelo castaño recogido en un moño suelto y labios rojos. Luis sintió la mano de la mujer posarse con familiaridad en su ...