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La lección de papá
Fecha: 12/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Constance Chatt, Fuente: CuentoRelatos
... a posar directamente en sus tetas. Ella gimió y me miró. Yo no podía levantar la vista de sus tetas. Sus pezones se iban endureciendo en cada pasada. Los froté en círculos pasando las yemas de mis dedos por encima de ellos, notando todas las rugosidades y la piel encogiéndose en cada pasada. Le apreté las dos tetas e inconscientemente me pegué más a su cuerpo. Carlota no se movía del sitio. -¿Es así cómo se hace? -me preguntó en un tono muy sensual. Me sorprendió la pregunta y tardé en contestarla. -¿Cómo se hace qué? -¡Papá! -protestó caprichosamente- Pues eso de lo que se habla, del calentamiento previo, los preliminares…, ya sabes. ¡No me hagas hablar más, que me da vergüenza! Sinceramente, no sabía qué decirla, pero ahí seguía moviendo y espachurrando sus pechos, lo que a ella debía gustarle a juzgar por el tamaño que adquirieron sus pezones. Entonces bajó sus brazos sin previo aviso y sus tetas aparecieron más grandes y más juntas ante mí. Posó sus manos en mi cintura y noté como me tiraba del polo hacia arriba para sacármelo del pantalón. Aquello era demasiado y tenía que ponerle freno de inmediato. Yo era el adulto responsable, claro que cómo decir eso mientras le magreaba las tetas a mi hija. Carlota me sacó el polo por completo y metió sus manos por dentro, acariciándome la espalda. -Pero, ¡¿qué haces, Carlota?! -le dije soltándola inmediatamente y echándome para atrás. No pude decirle nada más porque no sabía qué. De pronto me sentí como un ...
... gusano cuando vi que por su preciosa cara rodaban dos lagrimones. -¡No, por favor, mi niña! ¡No me llores! – le dije apenado. Entonces se abrazó a mí y rompió a llorar apoyando su cabeza en mi cuello. La había reprendido por algo que yo estaba deseando hacer hace siglos y me sentía fatal. La abracé con más intensidad y ella se pegó a mí como una lapa. Noté sus tetas contra mi pecho y deseé haberme dejado quitar el polo antes. -Lo siento, papi -dijo más tranquila. -Mi niña, soy un cabrón -le dije acariciándole la cara y echándole el pelo hacia atrás. Entonces ella se secó la nariz y se volvió a abrazar a mí, mirándome a los ojos acercándose mucho, tanto que cuando menos me los esperaba, cerró los ojos y apoyó sus labios suavemente contra los míos. No me pude ni mover. -Papi, enséñame tú -me dijo y volvió a besarme- No quiero que me enseñe nadie más que tú. ¿Qué podía hacer? Me lo pedía así, tan tiernamente… después de todo no era tan mala idea y a lo mejor les estaba haciendo un favor a los dos para su futura vida sexual, así que decidí dejar de luchar contra mis impulsos y la agarré por la cadera atrayéndola más hacia mí. Me pegué a ella y volvió a acariciarme la espalda por debajo del polo. Yo la agarré la cabeza con las dos manos y con suavidad le abrí más la boca para meterle toda mi lengua bien hasta adentro. Le gustaba, porque respondía con su cuerpo pegándose más a mi, acariciándome con más pasión, abriendo su boca y dejando que su lengua luchara con la ...