1. La lección de papá


    Fecha: 12/07/2026, Categorías: Incesto Autor: Constance Chatt, Fuente: CuentoRelatos

    Sé que lo que hice está mal y que no lo volveré a hacer, pero hay veces en que los padres tenemos que hacer cosas que pueden no estar muy bien vistas. A lo mejor esto es solo una excusa, porque lo cierto es que desde que mi hija Carlota fue creciendo, me empecé a sentir atraído por ella de una forma inadecuada y salvaje.
    
    Mi mujer y yo nos habíamos separado hacía ya unos cuantos años porque no nos aguantábamos. Lo mismo le pasó a mi hija y terminó mandando a paseo a su madre, mudándose a mi casa en cuanto cumplió los 18. Ella, Carlota, tenía un novio, un chico que no debe ser mala persona, pero sí bastante paradito. Ya antes de que pasara lo que os voy a contar, yo sabía que nunca haría disfrutar a mi hija en la cama como se merece toda hembra.
    
    En cuanto los dos chicos terminaron la carrera, se decidieron a casarse. Ambos tenían 22 años y ganaban lo suficiente como para alquilarse un pisito y empezar una vida en común. Mentiría si dijera que estaba contento porque me comían los celos. No sabéis cuántas veces espié a mi hija mientras dormía, casi siempre en verano, que lo hacía medio desnuda. Al principio estaba acojonado, pero lógicamente me fui soltando con los días. Como tiene el sueño muy profundo, poco a poco me atreví hasta a tocarla, solo rozarla, porque me daba miedo que se despertara y me pillara ahí, sentado a su lado en la cama y completamente empalmado.
    
    Un día llegué a su habitación y vi que se había quedado dormida completamente abierta de piernas con ...
    ... una mano metida dentro de sus bragas, apoyada completamente en su coño. Seguramente se había estado acariciando… ¡Uuuuis!, todavía me pongo malo cuando me acuerdo. En fin, que me animé a tocarle un poco los labios que había dejado entreabiertos y de pronto abrió más la boca y empezó a mamar de mi dedo como si fuera un chupete, mientras frotaba suavemente su coño con la mano que aún tenía aprisionada con las bragas.
    
    En ese momento creí que me correría sin ni siquiera tocarme, pero lo cierto es que estaba cagado por si se despertaba de repente y en cuanto pude sacar el dedo de su boca me fui a mi cama sigilosamente, donde me pajeé a placer unas dos o tres veces antes de conseguir calmarme.
    
    Pues llegó el día de la boda y Carlota se levantó muy animada, lógicamente. Acabábamos justo de desayunar juntos. Fue un rato bastante corto, como el de cualquier otro día, pero la noté mucho más cariñosa conmigo que cualquier otro. Se levantó de la mesa para contestar una llamada del móvil. Era su amiga Claudia, a la que estaba esperando para que la ayudara a vestirse. Por lo visto había pinchado en mitad de ningún sitio y no iba a llegar a tiempo para ayudarla. Al principio se puso un poco nerviosa, pero yo la abracé suavemente para reconfortarla y le dije que yo sería su asistente.
    
    -Pero, papá, ¡tú no sabes nada de vestidos ni de arreglar a una novia!
    
    -¡No me subestimes! -traté de animarla-. Ve a la ducha y cuando estés lista me avisas para que te ayude.
    
    La convencí bastante ...
«1234...7»