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Manu y yo. Relato completo
Fecha: 12/07/2026, Categorías: Gays Autor: smelmoth, Fuente: TodoRelatos
... luego lo besé en la nariz, en los ojos,en la frente, por toda la cara. Le chupé los lóbulos de sus orejas, algo que pareció gustarle mucho. Se movió incómodo en el sofá. - ¿Qué pasa? ¿Te molesta algo? - La verdad es que si. Se levantó del sofá y señalando su entrepierna dijo: - Mira. Su pene se dibujaba perfectamente en sus pantalones. No parecía descomunal, pero sí de un tamaño respetable. Llevé mi mano hasta ese bulto y lo toqué, estaba duro como una piedra y notaba su calor a través de la tela. - Lo soluciono enseguida. Desabroché el pantalón y se lo bajé. Quedaron al descubierto unos slips blancos, que lucían una notable mancha de precum. No pude resistirme, acerqué mi cara y aspiré. Si el deseo tiene un aroma, debe ser este, pensé. Levanté la mirada y me encontré con la de Manu. Sonreía. Me levanté del sofá y ante él me fui desnudando poco a poco. No tardó en advertir que yo estaba en la misma situación. Manu hizo el ademán de empezar a desnudarse también, pero lo detuve con un gesto. Me arrodillé ante él. - Date la vuelta -le dije- Torpemente se movió (tenía los pantalones en los tobillos) y ante mis ojos apareció un culo perfecto, tanto en forma como en dimensión, ...
... abrazado por el slip blanco, que no tardé en bajar. Era un culo totalmente lampiño y de un color con un toque satinado. Acerqué mis labios y lo besé. Estaba duro y su piel era suave, muy suave. Seguí besándolo y dándole pequeños mosdiscos, mientras mis manos exploraban unos huevos colgantes, de buen tamaño, y su duro miembro, que (¡sorpresa!) estaba sin circuncidar. Mientras acariciaba su tonificado y suavísimo culo con mi cara y mis labios, mis manos comenzaron a deslizarse por sus piernas. He de decir que una de las cosas que más me gusta es tocar y acariciar, y en ese momento me parecía estar tocando una obra de arte, una estatua viviente de un atleta griego o el David de Miguel Ángel. La suavidad del mármol pulido combinada con el calor de un cuerpo humano. Mis manos recorrieron esas dos comunas de ébano, mientras justo ante mis ojos tenía el espectáculo de la redondez de sus respingones glúteos. Me incorporé y le dije: - Levanta los brazos Los levantó y despacio le fui quitado la camiseta que llevaba. Su ancha y musculosa espalda ocupaba toda mi visión. Puse mis manos sobre sus hombros. Manu no se movía, en silencio me dejó explorar cada centímetro de sus brazos. Me entretuve en s