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Adicta al incesto cap 11
Fecha: 13/07/2026, Categorías: Incesto Autor: LeonoreUsher, Fuente: TodoRelatos
... rígidos. Quise tomarlos con mi boca, pero antes de hacerlo, ella se inclinó y me besó en la boca como una novia besaría a su amante. Pero besaba a su padre. Intentó que su lengua entrara en contacto con la mía. Por un momento, dudé. Sin embargo, el sugerente masaje a mi polla logró que me sintiera tentado a hacerlo. En un instante, nuestras lenguas jugaban en un ardiente beso. ¿Cuántos padres del mundo no desearían besar así a sus hijas? Pues yo lo estaba haciendo. Su cuerpo hervía encima de mí. —Papi… —susurró como cuando ella era niña y se me acercaba para pedirme un beso en la frente. ¡Cómo cambian las cosas! Mis manos se deslizaron hacia sus nalgas. Emilia no necesitaba un culo enorme, y yo no era adicto a esa clase de retaguardias. Varios de mis amigos admiraban unas nalgas increíbles. Yo, por el contrario, era feliz con que cupiera la mayoría en mis manos para así, poder amasarlas a placer. Durante un rato estuvimos besándonos. Lamí su cuello. Ella me daba tiernos besos en la frente. —¿Listo? —Sí… ya quiero hacerlo. —Perfecto. Y como acto de amor hacia ti, dejaré que estés arriba. Se giró para acomodarse. Yo tomé posición. Mi hija abrió sus maravillosas y delgadas piernas para dejarme mirar su belleza en todo el esplendor posible. Me gustó ese detalle. La posición del misionero es, en mi opinión, una postura muy natural incluso más que la del perrito. Muestra sumisión y entrega total. Y verla así, con los muslos separados cual pétalos de ...
... flor, hizo que en mí aflorara un instinto primitivo de reproducirme. En ese momento, no sonaba malo tener un hijo con Emilia. Dirigí mi polla hacia su entrada. Ella no se detuvo. Al momento de penetrarla, la sentí abrirse mientras me deslizaba. Caliente, húmeda y apretada. Su coño me rodeaba desde la punta de la verga hasta la base. Su vagina se cerraba alrededor como si no quisiera dejarme ir. Era la conchita de mi hija. Aquella que ya conocía de vista desde hacía mucho tiempo, y ahora yo tenía el privilegio de estar dentro. Era carne viva tragándome lento. Me detuve cuando llegué al fondo. Su cuerpo palpitaba. La carita de mi hija empezó a sudar al exprimirme. Era un calor que me quemaba las cadera. Emilia gemía bajito. Una voz que me recordaba todavía a la de una niña, dulce y delicada como ella sola sabía hacer. Me rascaba la espalda con sus uñas y estaba seguro de que me dejaban marcas. Después, me apretó con las piernas, obligándome a empujar más fuerte dentro de ella, hasta el fondo y hasta que ya no pude ir más allá. Los jugos de mi hijita mojaban todo el largo de mi polla y se sentía tan apretado que no quería salir de ahí. Se movía conmigo. No sólo se dejaba coger. Alzaba las caderas para recibir cada embestida. Éramos una sincronía perfecta. Trataba de separar más sus piernas, mojarse más. Entregarse completamente a mí, su padre. Sus pezones rozaban mi pecho, duros y sus manos bajaron a mi culo para empujarme incluso más adentro. Sus pequeños gritos de ...