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Mi marido pone a prueba mi fidelidad
Fecha: 15/07/2026, Categorías: Confesiones Autor: Carmen Pardo, Fuente: CuentoRelatos
... bastante más larga y gorda que la suya, y que yo, aparentemente, la masturbaba con decisión. La muy zorra de Conchi le acariciaba los huevos a mi marido al mismo tiempo que su mano le recorría el pene con maestría, y al muy cabrón de Julio parecía gustarle aquello demasiado. Entonces un sentimiento de rabia y celos me hicieron comportarme como lo que no soy, o al menos como lo que nunca había sido hasta entonces: Un “putón verbenero”. Agaché mi cabeza y, mientras masturbaba la polla de Carlos, comencé a lamerle la comisura de los huevos. Aquella primera acción ocasionó que Julio y Conchi se desconcentraran en su faena, ya que ambos me miraban con expresión atónita. Al mismo tiempo la polla de Carlos se puso enorme y más dura que el cemento. Sin acobardarme separé mis labios y me introduje en la boca aquel monumental trozo de carne, que dicho sea de paso comenzó a emitir un olor fuerte, producto de que las primeras gotas de líquido preseminal rezumaban por su hinchado y rojizo capullo. Aquel hedor, lejos de producirme asco me puso cachonda. Mis labios recorrían el miembro de Carlos suavemente, al mismo tiempo que mi lengua le repasaba en círculos el glande, asumiendo sus líquidos previos. Paralelamente mis manos le trabajaban los huevos, imprimiéndoles un masaje sin pausa. Carlos sollozaba de placer y cerraba los ojos sometiéndose a mis maniobras, sin la más mínima negativa. Pese a los esfuerzos de Conchi, a Julio aquel espectáculo se la estaba poniendo cada vez más ...
... flácida. Aquella sensación de triunfo que estaba experimentando, unida a que me había puesto cachonda de verdad, provocó mi siguiente acción: Me levanté del suelo, me coloqué a horcajadas sobre Carlos y apunté su verga entre mis labios vaginales. Julio pensaba que era una treta mía para darle un escarmiento, pero que no me iba a atrever a dar el siguiente paso. Estaba equivocado. Me introduje el capullo de Carlos en la vagina y, sin darme tiempo a arrepentirme, me senté sobre su pubis con fuerza, de modo que su polla me penetró hasta el fondo. Acto seguido comencé a cabalgarle sin parar. Su rabo entraba y salía a toda velocidad en mi húmedo coño, clavándose con fuerza en mis entrañas cada vez que dejaba caer mi cuerpo sobre su pubis. Conchi ya había abandonado sus quehaceres, puesto que la polla de mi marido estaba más flácida y pequeña que la de un crío de 6 años, mientras que la de Carlos parecía no parar de crecer y endurecerse a cada embestida que le daba. Era como una taladradora penetrando en un muro de hormigón. A los pocos segundos me sobrevino un tremendo y larguísimo orgasmo que me hizo gritar de placer. Julio estaba aterrorizado, no podía creer que me estuviera follando a su amigo delante de él, pero lo cierto es que lo estaba haciendo a conciencia. Además, como Carlos se sabía controlar a las mil maravillas, aquel polvo se fue prolongando de una forma increíble. No llevaba reloj, pero puedo calcular que estuve follándome a Carlos durante más de quince ...