-
Mi marido pone a prueba mi fidelidad
Fecha: 15/07/2026, Categorías: Confesiones Autor: Carmen Pardo, Fuente: CuentoRelatos
... minutos sin parar, a juzgar por los cinco orgasmos que me proporcionó. En agradecimiento de ello, cuando comprendí que Carlos ya no aguantaba más, volví a agacharme entre sus piernas, me la metí en la boca y seguí mamando hasta que se corrió en mi garganta. Cada vez que Carlos se retorcía y emitía un gruñido de placer, me obsequiaba con un potente y caudaloso chorro de leche condensada. Tenía el semen muy espeso y abundante, pero ello no fue óbice para que me lo tragara todo sin el menor reparo. Los lefazos fueron remitiendo, después de cinco o quizás seis descargas, y el cuerpo de Carlos se fue relajando poco a poco, aunque su polla seguía tan grande y dura como al principio, por lo que aproveché para metérmela en el coño, aun goteando esperma, y alcanzar un último, pero no menos intenso orgasmo. Cuando terminamos de follar me quedé un rato sentada sobre Carlos. Notaba en mi interior como su miembro iba perdiendo dureza y tamaño, mientras que mi marido no daba crédito a sus ojos y Conchi se había ido a la cocina a preparar unas copas. Permanecí sentada sobre Carlos, con su rabo clavado en mi coño, durante dos o tres minutos más, mientras me recuperaba. Cuando finalmente me fui a levantar, Carlos me lo impidió. Entonces comenzó a besarme en la boca y a masajearme las tetas. En menos de dos minutos noté como su polla, que no había abandonado mi raja ...
... todavía, comenzaba a engordar otra vez. Aquello me provocó tal excitación que comencé a responder a sus besos hasta ponernos otra vez cachondos. Luego comencé a cabalgar de nuevo, pero Carlos me obligó a parar. Me pidió que me levantara de encima de él. Luego me sentó en el sillón, se arrodilló entre mis piernas y me la clavó de un solo empujón. Esta vez quería mandar él. Me colocó las piernas sobre sus hombros y empezó a follarme ante la horrorizada mirada de mi marido. En aquella posición, su polla me entraba hasta los mismísimos huevos, los cuales parecían querer entrar también en mi coño. Esta vez me proporcionó más de diez orgasmos antes de que él se corriera, ya que su aguante se había multiplicado por dos. En un momento dado pensé que me iba a desmayar de placer, pero justo en ese momento Carlos empezó a vaciarse en mis entrañas. El muy cabrón se estaba corriendo dentro de mi coño sin ni siquiera preguntarme si “iba segura”, pero aquel detalle no importaba en ese momento. Su leche rebosaba por debajo de mi coño hasta alcanzarme el ano, el sillón y la alfombra, pero él seguía follándome sin parar. Desde ese momento, hasta que ya no pudo más, consiguió que yo me corriera dos veces más. Aquello no era un hombre, era una máquina de follar y dar placer a las mujeres. De esa forma mi marido tuvo su escarmiento y yo el mejor polvo de mi vida. Fin