1. ¿Vienes a la playa?


    Fecha: 21/07/2026, Categorías: Hetero Autor: Susana, Fuente: CuentoRelatos

    ... camarero se acercó a para preguntarnos que íbamos a tomar. Vi que sus ojos se perdían en mi escote. Estaba apoyada en la mesa, con los brazos separados, permitiendo que mi vestido se separara lo suficiente de mi cuerpo para que tuviera una visión nítida de la mitad de mis pechos. Pedimos dos cañas y Antonio no perdió tiempo en comentar la jugada. Me hice un poco la despistada hasta que me confesó su afición a esos jueguecitos. Me contó que, cuando vivía en Francia, los practicaba mucho con una chica con la que salió varios meses.
    
    Mis ojos y mi expresión debieron expresar a la perfección que me encantaban también esos jueguecitos porque me lo preguntó abiertamente. Mi excitación de la tarde regresó de golpe justo cuando el camarero volvía con nuestras cervezas. Después de dejar ver al camarero de nuevo parte de mis pechos, vi una sonrisa en su cara y cierta excitación en sus ojos. No estaba todo perdido todavía.
    
    ―¿Qué pasa? ¿Te apetece jugar? -le pregunté con picardía
    
    ―Puede ser divertido y excitante -me contestó guiñándome un ojo
    
    ―Pues dime cómo quieres que juguemos
    
    Se quedó pensativo mientras sus ojos recorrían mi vestido analizando las posibilidades que ofrecía. Su mirada hizo que sintiera un cosquilleo en el estómago.
    
    ―¿Por qué no desabrochas un par de botones y vas a pedirle una bolsa de patatas fritas? Desde dentro él está más alto que tu
    
    Quería jugar fuerte. Me desabroché los dos botones que me dijo. Ahora mis pechos quedaban casi a la vista sin ...
    ... necesidad de nada más. Reflexioné en ese momento sobre lo raros que son los hombres a veces. Seguro que ese camarero estaba cansado de ver chicas desnudas trabajando en un chiringuito de una playa nudista. Sin embargo parecía que ver algo que se quiere que no se vea al ponerse un vestido le da más valor.
    
    Fui hacia el chiringuito. El camarero estaba de pie, mirándome con la discreción mínima para no ser muy descarado pero notaba sus ojos en mis tetas que se movían sin control. Le pedí las patatas fritas y tardé mucho en encontrar en mi monedero el importe exacto. Al levantar de nuevo la vista, lo pillé desprevenido y se puso colorado. Puse las monedas sobre el mostrador y lanzada le dije:
    
    ―No te cortes, puedes mirar que no me importa
    
    El no dijo nada, solo me lanzó una sonrisa. Yo regresé con mi amigo y le conté cómo había ido. Su polla debió ponerse muy dura porque tuvo que acomodarse los bermudas. Seguimos hablando y contándonos cosas de ese estilo que habíamos hecho y me di cuenta que los dos nos estábamos poniendo muy cachondos. Le pregunté si nos íbamos y empezamos a caminar por las dunas hacia el coche.
    
    Yo no me había abrochado el vestido y cuando me comentó el mismo pensamiento que había tenido yo hacía un rato, sobre cómo cambiaba el enfoque entre ver a una chica desnuda o verle las tetas por un vestido atrevido, no pude reprimirme más y lo besé. Lo pillé por sorpresa, pero no tardó en separar sus labios para que jugaran nuestras lenguas. Nos besamos mucho ...
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