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Después de la cena parte 4
Fecha: 23/07/2026, Categorías: Otros Textos, Autor: Janda, Fuente: TodoRelatos
La excusa fue perfecta: una presentación para un cliente importante en otra ciudad, una noche de hotel, y Carlos y Laura como los responsables directos. Ambos sabían lo que eso significaba. Pero lo jugaron con absoluta naturalidad frente al equipo. El vuelo fue breve. El almuerzo, cordial. La reunión, impecable. La tensión… constante. En el ascensor del hotel, apenas cruzaron miradas. Pero cuando Laura entró sola a su habitación —con vistas al centro, cortinas gruesas, y una cama doble impoluta—, no pasaron ni cinco minutos antes de que alguien llamara a la puerta. Carlos. No dijo nada al entrar. La miró. Ella llevaba una blusa blanca desabrochada hasta la mitad y una falda ajustada, sin zapatos. Lo había estado esperando. —Cierra —fue todo lo que dijo ella. Y él cerró. Se besaron como si llevaran días sin tocarse, aunque la noche anterior habían estado en su casa. El morbo de lo “nuevo”, del hotel, de las paredes extrañas y el riesgo mínimo, encendía algo distinto. Carlos la alzó en brazos, llevándola hasta la cama. Esta vez, no se desnudaron de inmediato. Le subió la falda y bajó su ropa interior lentamente, con la lengua bajando tras ella, saboreando cada centímetro. Laura lo recibía abierta, entregada, con gemidos suaves y la espalda arqueada. Cuando la penetró, fue de pie, con ella recostada en el borde de la cama, una pierna sobre su hombro y las uñas arañándole la espalda. Sus cuerpos chocaban con ritmo intenso, húmedo, feroz. Carlos se ...
... inclinaba para besarla entre embestidas, mientras Laura gemía su nombre con los labios entreabiertos. Luego cambiaron. Ella lo montó de espaldas, cabalgándolo con un ritmo lento y profundo, las manos apoyadas en su pecho, los pezones duros, los muslos tensos. —Dime que te gusta así —le susurró, sin dejar de moverse. —Me vuelves loco… —jadeó él—. No sé cuánto más voy a poder fingir en la oficina. Ella se inclinó para besarlo, con los ojos encendidos. —Entonces no finjas. Tómame como si todos lo supieran. Y él lo hizo. La sujetó con fuerza, la giró, la tomó desde atrás con fuerza, con rabia contenida, con necesidad cruda. El sonido de los cuerpos chocando llenó la habitación. Cuando ambos terminaron, casi al mismo tiempo, se derrumbaron sobre la cama, agotados, sudorosos, satisfechos. En el silencio posterior, solo se escuchaban las bocinas lejanas de la ciudad. Laura, con la cabeza apoyada en su brazo, lo miró de lado. —Esto ya no es solo sexo —dijo, sin pedir respuestas. Carlos no respondió de inmediato. La miró. Y supo que tenía razón. La habitación del hotel seguía envuelta en ese silencio cómplice. Laura se levantó lentamente de la cama, aún desnuda, su cuerpo moreno brillando bajo la luz tenue del baño que acababa de encender. Se volvió hacia Carlos, que la observaba desde la cama, aún recuperándose del último encuentro. —Voy a ducharme… —dijo con voz ronca, provocadora—. Puedes quedarte ahí. O venir. Carlos no dudó. La siguió ...