1. Antonio reparte rabo en casa de su sobrina


    Fecha: 25/07/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... si fuera una tarta a medio hacer.
    
    —A medio hacer no —replicó Antonio, relamiéndose los labios—. A ti te metía el dedo como quien prueba el bizcocho en el horno, pa’ ver si estás ya esponjosa.
    
    Ella soltó una risa corta, entre dientes, y bajó la mirada hacia su pecho, donde el camisón ya marcaba demasiado.
    
    —Pues yo creo que sí… que ya estoy lista.
    
    Antonio tragó saliva. Su polla palpitaba dentro de sus bermudas vaqueras como una alarma de incendio.
    
    —Me estás buscando, rusa. Y como te encuentre, no hay marcha atrás.
    
    Anya alzó la vista, con una chispa de fuego en los ojos.
    
    —Eso ya lo sé, Antoñito. Por eso te estoy provocando.
    
    El camionero se levantó despacio. Luego se acercó hasta ella con ese andar de toro viejo y se quedó de pie entre sus piernas, que se separaron aún más como si obedecieran por instinto. Anya alzó la mirada y vio el bulto claro en los pantalones del camionero, marcando con descaro el contorno de esa polla que ya había sentido dentro de ella… y que tantas noches recordaba con los dedos entre las piernas.
    
    Antonio se rascó su barriga peluda por debajo de la camiseta, y sin decir palabra, desabrochó después el botón del pantalón corto. La cremallera bajó con un sonido seco, y de golpe, su polla medio erecta cayó fuera, colgando pesada, oscura y gruesa, con una vena abultada que le cruzaba el tronco como un cable de alta tensión. No estaba del todo dura aún, pero tenía ese tamaño intimidante que ya imponía de por sí, y ese aroma fuerte y ...
    ... masculino que mezclaba sudor de entrepierna, pellejo y deseo viejo.
    
    La dejó caer directamente sobre la cara de Anya, que no apartó la vista. El glande le rozó la mejilla, cálido y carnoso, dejándole una marca húmeda como una caricia obscena. La rusa tragó saliva. Estaba embobada, con la mirada bizca.
    
    Antonio la miró desde arriba, con la mano apoyada en la cadera y la polla descansando como una amenaza tierna sobre su nariz.
    
    —A las mujeres embarazadas hay que alimentarlas bien —gruñó con media sonrisa torcida—. Y mira… aquí tienes un buen biberón para ti, preciosa.
    
    Ella se relamió los labios y alzó el cuello sin decir palabra. Abrió la boca despacio, como si se dispusiera a mamar de verdad. Antonio la ayudó sujetándola del pelo, guiando su verga hasta esos labios entreabiertos que lo recibieron con ansias. El capullo rozó su lengua y Anya lo chupó con una ternura lujuriosa, como quien saborea una fruta prohibida.
    
    —Eso es… despacito, que aún está medio dormida —murmuró él, acariciándole la nuca—. Despiértala como tú sabes.
    
    La rusa empezó a chupar con calma, con movimientos circulares, húmedos, dejando que la polla se hinchara poco a poco en su boca. Antonio sentía cómo su rabo crecía poco a poco, engordando hasta llenar la cavidad por completo. El calor de la saliva, el roce de la lengua, el leve gemido que ella soltaba cada vez que se atragantaba un poco… todo lo ponía a mil.
    
    —Así me gusta, zorrita —susurró él, jadeando—. Como una buena niña, esperando tu ...
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