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Lo hicimos detrás del escenario en un festival de rock
Fecha: 27/07/2026, Categorías: Hetero Autor: Vizconde, Fuente: CuentoRelatos
El calor insoportable azotaba la ciudad. El sol con sus rayos castigaba la humanidad de quien fuera que se animara a deambular por las calles, a los que tomaran sol, a los que jugaran al futbol. Las bocas se resecaban, ávidas de alguna bebida y los cuerpos transpiraban un sudor pesado y denso. Caminaba lento, con desgano, casi agobiado por las cercanías del parque. Al llegar noté lo sobrepoblado que estaba. Añoraba las épocas en las que se podía correr tranquilo tanto por fuera como por dentro del parque sin la molestia de tanta gente, que ahora parecían hormigas molestas, mediocres personajes de la ciudad que sin nada que hacer anegan el lugar con su presencia. Yo había ido a comprarme el anillo que había visto la otra vez, ese con diseño de dragón, para mí gusto muy oriental. Cuando llegué al puesto del senegalés me puse contento de que aún lo tuviera. Lo probé y se lo compré. Quedé muy satisfecho. Trataba luego de cambiar de rumbo. Me molestaba estar caminando en medio de tanta gente en actitud de turista en vacaciones. Me fui alejando apenas veía un claro para rescatarme. Me fui dejando llevar por algunos acordes de prueba que sonaban a lo lejos y que a medida que avanzaba los recibía más cerca. Una multitud más inteligente se había acomodado alrededor de una banda de rock, “Motor loco”, que estaba a punto de empezar a tocar. Me busqué un lugar para protegerme del sol y que si bien estaba empezando a ocultarse sus rayos aún eran potentes. Me senté luego al ...
... lado de un árbol grande. La banda resultó muy buena. Tocaba un rock simple, callejero, sin cosas raras. Éramos todas gente joven, y algunos adultos jóvenes también había. Toda gente copada, desprejuiciada y con buena onda. Muchos en pareja, unos cuantos con alguna cerveza en la mano y un par como yo con un “faso” de marihuana sostenido en nuestras bocas. Qué bien tocaba esa banda. Al rato llegaron dos chicas. Ambas con anteojos negros, pantalones tipo pescador y aire soberbio. Una de ellas me cautivó la atención. Desde ese momento mis ojos alternaban ver la banda y mirarla a ella, con esa remerita corta y naranja que dejaba entrever su cintura, y ese pantalón negro y ajustado que le llegaba hasta antes de sus tobillos. Su gran culo se destacaba por sobre los demás atributos. A medida que pasaba el tiempo mis ojos casi no miraban otra cosa que esa curva tan llamativa que llevaba por detrás. Al encender mi segundo faso de marihuana el olor que se había generado a mi alrededor era importante. Muchos al percibirlo se alejaban desdeñosamente mientras que a otros, como a ella, les llamaba la atención. Cuando me miró por segunda vez saqué mi faso de la boca y extendiendo mi mano le ofrecí una pitada. Al principio no quiso y volvió su mirada hacia el improvisado escenario. Yo la imité, pero al cabo de unos segundos lo vino a buscar. Otra vez nuestras miradas se encontraron. —¿Está bueno…? —pregunté como para iniciar la charla. Ella asintió con su mirada esbozando una ...