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Una Vecina Para Mi Amigo
Fecha: 27/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: el Bardo, Fuente: TodoRelatos
... mirar hacia la puerta de la casa de don Clemente y esbozó una ligera sonrisa... “Quizás deba... no, mejor no, no ahora... mi marido llegará pronto” se dijo la mujer. *** Una de las cosas que más le hizo ilusión a la hora de “vivir solo”, o sea, lejos de sus padres, era el de poder hacer sus compras solo. Él, su tarjeta y un carrito de supermercado, paseando por esos pasillos y tomando aquello que quería comprar. Su tía quería mantenerlo, para ella él seguía siendo un niño, pero él quería ser un aporte también a la casa. Además, que bochorno que ella estuviera comprándole cepillo de dientes, shampoo o los repuestos de su máquina de afeitar. “Pasillo de pasta dental... pasillo de pasta dental... pasillo de pasta dental” se repetía en su cabeza el muchacho, buscando ese pasillo. Hasta la cueca parecía no molestarle. No le gustaba nada. Pero faltaba menos de un mes para fiestas patrias y los supermercados de todo el país comenzaban a adornar con los colores patrios, además de que sonara por los altoparlantes la cueca, la música tradicional chilena. En el sur, la cueca no dejaba de sonar en todo el año, junto a las rancheras, pero en la capital parecía guardarse solo para el mes patrio... lo que agradecía. “Esto también necesito” se dijo el muchacho, tomando una caja de condones. Aunque la verdad es que no lo había hecho con condón ni con su vecina Romina, ni con su vecina Javiera y algo culpable se sintió. Menos con su tía. Desde que esa noche tormentosa ...
... se la hubiera metido como cajón que no cierra, no había dejado de metérsela. Se la metía mientras se duchaba, mientras cocinaba, mientras realizaba el trabajo con las cuentas y, como su habitación estaba en reparación, dormía en su cama... se quedaban hasta cerca de las tres de la mañana, con ella saltando sobre él mientras esas enormes tetas botaban sin parar. Pero, era diferente. O sea, apenas se veían a solas durante el día, cuando los maestros que arreglaban esa habitación se iban, ambos sabían en qué terminaría. “No dejan de mirarte las tetas, tía”le decía de cuando en vez, por lo bajo, mientras coincidían en los pasillos. Era cierto, esos vejetes y jóvenes, unos siete en total, no paraban de mirarle esas enormes tetas naturales a su tía. A ella no le molestaba, estaba más que acostumbrada, se pasó veinte años en convenciones y exposiciones donde fanáticos de todo el mundo se querían sacar una foto con ella y, si no podían, no dejaban de mirarla. Pero a pesar de que era su tía, vivían solos. En cambio, con Romina en esa pequeña bodega de su casa y con Javiera en la cocina de esta, la cosa era diferente. Eran mujeres casadas, con hijos. Y él, claramente, no tenía nada que perder: soltero y sin hijos. El riesgo era de ellas y el riesgo alimentaba el morbo. El muchacho suspiró, dejándose en claro que esa noche querría dormir tranquilo. En todas las veces, era él el que la buscaba, por lo que esa noche no la molestaría. -Mierda... -Exclamó, siendo casi un ...