1. Angela en fuga 2


    Fecha: 29/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    La luz del atardecer se filtraba por los ventanales polvorientos cuando el humo del cigarrillo de Benjamín arropaba la piel desnuda de Angela. Todo en ese lugar olía a eso y a café, madera y sexo, era una constante. No era un vicio, decía él, sino un rito: cada día, al terminar sus silenciosas caminatas de regreso a casa, encendía uno solo, con parsimonia, como si al hacerlo pudiera sostenerse frente a un mundo que se deshacía lento. Don Horacio estaba a punto de cumplir cuarenta años. Medía un metro ochenta, tenía el cabello castaño entrecano, la piel blanca y unos ojos verdes que parecían ver más allá de las palabras. Su porte era sereno, casi distante, pero en él habitaba una ternura callada, una forma de cuidar sin decir demasiado. Llevaba años en pareja —una relación discreta, sin alardes, como todo en su vida. —Gracias por quedarte. acompáñame al estudio. Hay algo que debes saber —le dijo con voz baja, casi como si no quisiera romper el hechizo que la envolvía. El camino hasta el estudio estuvo acompañado por la corriente de humo del cigarrillo, como migajas de pan en el aire, aunque tenue, aliviaba el calor sofocante que se había instalado en el cuerpo de Angela. Benjamín dejó que el humo le golpeara la cara con libertad, como si en ese gesto simple pudiera continuar su papel dominante. Ángela se vistió con calma, recogiendo la bata del suelo. Mientras lo hacía, una sensación ambigua se instalaba en su pecho: parte alivio, parte sospecha. Benjamín no era un hombre ...
    ... cualquiera. Y ella no era una mujer ingenua En el estudio, al fondo del pasillo, tras puerta entreabierta, con libros apilados como si vivieran allí y en el centro de este, una mesa amplia, de roble, y encima, un sobre manila con el nombre de Angela escrito a mano. Bajo la sombra torcida de un enorme librero, se sentó Angela. Con los pies descalzos tocando el suelo y la mirada perdida, como si esperara que algo —o Benjamín— continuara con las instrucciones. No parecía sorprendida de la situación. Benjamín apareció desde el rincón, donde el ventanal dibujaba su silueta contra el cielo encendido. El sudor le escurría aún por los brazos pero iba totalmente vestido. Benjamín se detuvo por un momento, no por pudor, sino por una extraña sensación de irrealidad, como si Angela no perteneciera del todo a ese mundo. Ella no se movió. Seguía sentada, con la piedra en la mano, observando el agua como si leyera en su superficie una historia que él no podía ver. El cigarrillo se consumía entre sus dedos cuando Horacio finalmente dio un paso adelante. —Realmente pensé que para este punto abrías preferido irte—dijo, sin levantar la voz. —¿Todo está bien? —preguntó ella con voz baja, casi como si no quisiera romper el hechizo que la envolvía. —No soy de las que huyen—continuó Ángela, manteniendo la distancia. Angela giró apenas el rostro, sin mirarlo del todo. Él asintió, casi con respeto. Luego señaló el sobre. —Por favor, tómalo. Eso es para ti. No por lo de ahora. Por lo que viene. Angela ...
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