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Angela en fuga 2
Fecha: 29/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... cuál fue Laura aquella noche. Es discreto, pero si te ve con respeto, te hablará. Luego, con un tono apenas más bajo, casi en confidencia, añadió: —Ve bien vestida, Ángela. Allá las apariencias importan. Y no hables con nadie más. Solo con él. Ángela asintió. Aún tenía muchas preguntas, pero sintió que había llegado al límite de lo que Benjamín estaba dispuesto a decir. —¿Puedo retirarme? —Claro —respondió él con un leve gesto de la cabeza. Sin decir nada más, Ángela salió de la casa. La puerta se cerró tras ella con un ruido seco, como si todo lo que había sucedido dentro de esos muros quedara sellado para siempre. El aire afuera estaba más frío de lo que recordaba. Ángela caminó con paso firme, pero algo en su estómago se mantenía tenso, como si una palabra no dicha le recorriera el cuerpo. Había algo en la forma en que Benjamín dijo “bien vestida” que le dejó una sensación incómoda. No era una advertencia directa, pero tampoco una sugerencia inocente. La calle frente a la casa tenía árboles altos que filtraban la luz en haces quebrados. A lo lejos, escuchó el ladrido de un perro y el motor apagado de un carro que parecía llevar demasiado tiempo detenido. Se detuvo un momento a ajustar su blusa, echó una mirada rápida sobre su reflejo en la ventana de un automóvil estacionado. Nada llamativo, pero tampoco demasiado informal. El punto medio que le permitiera pasar desapercibida y, al mismo tiempo, inspirar confianza. O respeto. O lo que Ibrahim esperara de una desconocida ...
... que llegaba a hacer preguntas. Tomó el bus hacia el sur. El camino fue breve pero revelador: el lugar cambiaba a medida que se acercaba de nuevo a la Ciudad. Los edificios bajos se volvían locales anónimos; las aceras más anchas, pero más rotas. Un toldo rojo llamó su atención al bajarse. Era la zona comercial que Benjamín le había descrito: una especie de oasis en medio del concreto, donde aún se saludaba a los vecinos por su nombre. Preguntó a una vendedora por la cerrajería. Le indicaron una puerta metálica, sin rótulo, apenas una calcomanía vieja en el vidrio esmerilado. Ángela tocó. Esperó. Un hombre delgado, de piel aceitunada y cabello gris peinado hacia atrás, abrió con una sonrisa lenta. Sus ojos no eran amables ni hostiles: eran curiosos. —¿Ibrahim? —preguntó ella. El hombre asintió. Observó su ropa, sus manos, su postura. —Usted no es de por aquí —dijo, sin acusación. Ángela sostuvo la mirada. Por un segundo no supo cómo empezar. No sabía qué versión de sí misma traía puesta ese día. Al final optó por algo simple: —Me dijeron que usted conocía la zona. Que recordaría una casa. Una donde estuvo una mujer… hace no mucho. Ibrahim se apoyó en el marco de la puerta. Su expresión cambió apenas, como si algo en su memoria se hubiera activado. Pero no respondió de inmediato. —¿Quién la mandó? —Un amigo. Benjamín. Ahí sí, un cambio claro en su cara. Un leve gesto de reconocimiento. Algo en su lenguaje corporal se volvió más contenido. —Espere un momento —dijo. Entró sin ...