1. Mabel y el electricista


    Fecha: 02/08/2026, Categorías: Confesiones Autor: Gustavo Gabriel, Fuente: CuentoRelatos

    Mabel era una simple mujer con las labores de cuidar a sus hijos.
    
    Su esposo era un profesor de matemática, que trabajaba gran parte del día, regresando por la noche bien tarde. En verdad Mabel, se sentía sola gran parte del día, pero sus ocupaciones les mantenían alejada del deseo sexual.
    
    Ocasionalmente se dedicaba en silencio y por las tardes a masturbarse, lo realizado dos o tres veces en la semana o cuando hubiese visto alguna película fuerte en la televisión.
    
    Una tarde de verano, la heladera dejó de funcionar y Mabel se encargó de buscar quien la reparara.
    
    Sus hijos asistían en ese mes a una colonia de vacaciones en la costa.
    
    No sin después de consultar por el costo del arreglo a varios técnicos se decidió por uno, que además de resultarle verdaderamente barato su persona, le agradó. Quedó en venir al otro día y así lo hizo.
    
    Mabel desde que le vio en la mañana notó que de alguna manera ese día no parecería normal
    
    Ese joven había encendido algo en ella dormido por tiempo.
    
    Era un buen ejemplar de hombre, algo joven “experto en señoras de su casa” se notaba con el trato al que recurría a diario por su oficio, que conquistaría a unas cuantas.
    
    Sin que él, se percatara le miró gran parte del tiempo mientras él trabajaba, al final se arriesgó y a medido que la postura del trabajador se lo permitió dirigió la vista hacia ese lugar.
    
    Se le marcaba y allí nomás pensó que él por ella algo sentiría, sino no estaría así.
    
    En segundos quitó su vista y ...
    ... decidida a que no, se podía perder tan fácilmente, Mabel se ocupó de sus otras cosas, retirándose de la cocina, pero algo excitada.
    
    Fue así, que se dedicó, en su dormitorio a repasarlo, al tiempo Mabel pensó si ello no era más que una reacción de deseo que otra cosa pasara en ese dormitorio y no su limpieza, pero quitando de su cabeza esas nimiedades, se dedicó a pensar en sus hijos y su vacaciones.
    
    Pero decididamente tiempo después, se encontraba cambiándose de ropa de mañana simple y desatendida por una solerita de espaldas descubierta, sin corpiño, además de ponerse el ultimo de sus perfumes caros regalos de sus hijos para el día de la madre.
    
    A la hora y a un pedido del electricista ella bajó a la cocina, encontrándose a ese hombre casi de frente, y ella se turbó, pero más cuando el hombre elogió su vestido y ese agradable, sabor que sé destilado de su cuerpo.
    
    Turbada, Mabel le contestó que era su forma de agasajar a quien le había arreglado la heladera, y ante la sorpresa de ella por esa estúpida respuesta el hombre, entendió un avance más hacia lo desconocido.
    
    Mabel, respuesta de su sorpresa tan estúpida le ofreció una gaseosa para que se refrescara.
    
    Ahí notó que el hombre se había parcialmente, desprendido la camisa debido al calor, lo que de inmediato le impactó, moviéndole una serie de cosquillas en ese lugar que ella ya conocía sobradamente.
    
    Se sonrojó aún más y el hombre comprendió pronto su turbación.
    
    Así empezó un dialogo un tanto comprometido ...
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