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Mabel y el electricista
Fecha: 02/08/2026, Categorías: Confesiones Autor: Gustavo Gabriel, Fuente: CuentoRelatos
... que en ella le fue encendiendo un fuego hasta ese entonces desconocido, y al finalizar casi media hora él la tomó de la mano y le besó. Mabel quería deshacerse de los brazos de ese hombre, pero la sostenía intensamente y pronto ella se abandona abriendo su boca y recibiéndolo por primera vez. Allí en esa cocina, él hábilmente le fue bajando los costados de su solera y por primera vez los senos de ella, recibieron las manos de ese extraño. Ella le sacó la camisa y se dedicó a besarle mientras el hombre hábilmente le había quitado ya la totalidad del vestido y su mano se metía dentro de su bombacha encaminándose hacia su vagina que para ese entonces estaba ya mojada con sus líquidos. Al tiempo y cuando el hombre le introduce un dedo a la entrada de su vagina ella experimenta una serie de convulsiones que le hicieron arquear su espalda y si no fuese porque el hombre la sostuvo, por la serie de orgasmos de Mabel hubiese terminado en el suelo. Vamos a tu cama, le dijo el hombre y así Mabel parcialmente desnuda, solo con su bombacha puesta y el hombre sin la camisa subieron esa serie de escalones que le separaban a su pieza que a ella le pareció interminable. “Soy tuya”, le dijo al llegar a la pieza, “sé cuidadoso no me señales, que él lo notará, pero después hazme sentir la más puta de las mujeres que tuviste.” A las dos de la tarde, en esa casa del barrio de Belgrano, Mabel aun dolorida recordaba esa mañana. Hacía más de media hora que se había retirado ...
... su hombre y le había hecho sentir la mujer más puta de la tierra. Primero había descubierto que ese temor que tienen las mujeres al recibir un miembro algo pronunciado era mentira. Ella alojó en su vagina una pija casi el doble que la de su marido. Al principio cuando él le embistió ella le tomó del brazo para detenerlo. Se dedicó a guiarlo para la penetración y así a medida que su vagina iba adquiriendo la dilatación adecuada ella le permitía metérsela un poco más. Pero cuando pensaba que esa cosa le había llegado al fin y casi a su matriz se volvió a excitar, aun él pujaba por más. La respiración de su amante y la transpiración de ella, se confundieron en los movimientos sensuales de los dos y a ella se le produjo una serie orgasmo casi sin quererlos, orgasmos de profunda calentura y necesidad de explotar ante ese pedazo de carne palpitante en su interior. Cuando se descargó (lo hizo dos veces en ese día) conoció y comprobó el poder de la fuerza de la eyaculación en un buen hombre joven. Poco después y sorprendentemente cuando él se quedó a su lado ella le empezó a limpiar su miembro con su lengua. Jamás le había realizado a nadie, ni a su marido, y se sorprendió a sí misma. Rodeando con su lengua el sexo, subía y bajaba constantemente y delicadamente hasta que esa cosa tomó vida de nuevo. El hombre se excitó y se levantó de la cama, Buscó un pote de crema de mano que ella siempre tenía en la mesa de noche, Mabel intuía, pero no quería ...