1. Tradiciones de un colegio pupilo (11)


    Fecha: 04/08/2026, Categorías: Gays Hetero Masturbación Autor: Gavin, Fuente: SexoSinTabues30

    ... sueldo se dedicaba a matar testigos, ajustar cuentas a los que no habían pagado a su jefe o amenazar comerciantes. Un tipo malo. Joe parecía ser uno de esos.
    
    – Mira lo que te conseguí, Joe – dijo Fatso, alcanzándole un bate de beisbol de los Boston Red Sox.
    
    – ¡No lo puedo creer! – dijo el gorila, como si fuese un niño recibiendo su regalo de Navidad.
    
    – Y lo hice autografiar por varios jugadores.
    
    – ¡Es usted increíble, señor Fatso! Consigue todo lo que quiere.
    
    – Disfrútalo. También puede servirte para enderezar a alguno.
    
    Imaginé a Joe rompiéndole la cabeza a otro con un batazo.
    
    – Gracias por lo del otro día. Ahora tengo que hablar de negocios con los muchachos. Acompaña al Señor Stuart. Y cuéntale lo que le ocurrió a ese pobre tipo que se quiso pasar de listo.
    
    Stuart estaba pálido de miedo y se fue con Joe como si lo llevaran a la horca.
    
    Como nos habían dicho, nos quedamos inmóviles y callados.
    
    – ¡Cariño! ¿Quieres venir? Los niños han llegado.
    
    Una mujer joven, muy guapa, apareció. Era delgada y de pequeña talla, solo un poco más alta que nosotros. Vestía una bata también.
    
    – ¿Estos son los nuevos niños? ¡Son realmente lindos! Creo que nunca tuvimos chicos tan hermosos.
    
    Fatso nos dijo que nos pusiéramos de pie. Nos costó hacerlo porque estábamos ebrios y drogados y el sillón era demasiado mullido.
    
    – Tomaré al rubio primero – dijo Fatso.
    
    – Entonces yo me llevaré a esta belleza – dijo la chica, llevándose a Matt. Desaparecieron por un ...
    ... pasillo.
    
    Fatso me dijo que lo acompañara. Entramos a un dormitorio con una cama gigante. Fatso se sentó y me hizo una seña para que me acercara. Empezó a quitarme la ropa. Lo hizo lentamente, como si fuera un numero de strip tease. Finalmente quedé completamente desnudo.
    
    Empezó a palpar mi cuerpo. Pensé que estaba viendo la «calidad de la mercadería» con la que iba a ganar dinero. Pasó su mano por mi abdomen.
    
    – Tienes el cuerpo firme. Eso es bueno.
    
    Acarició mi pubis, como si buscase algo.
    
    – Todavía no te salen pelitos. ¡Excelente! ¿Eyaculas?
    
    – Sí, señor.
    
    – Me imagino que no largarás chorros.
    
    – No, solo un poco, señor. – Era una conversación de un médico con un paciente. Pero empezó a acariciarme y estimulado por la droga, gemí de placer.
    
    – Ahh…
    
    – Bien, reaccionas adecuadamente.
    
    Creí que me iba a hacer llegar al orgasmo (la droga me ponía muy caliente) pero me dejó con las ganas.
    
    – Date la vuelta.
    
    Sus manos inspeccionaron mi trasero. Por suerte, había tenido buen cuidado de limpiarme perfectamente. Sentí su lengua explorar mi agujerito y me estremecí.
    
    – Muy bello. Gira otra vez.
    
    Obedecí.
    
    – Creo que lo vas a hacer muy, muy bien.
    
    Me sentí el pavo del día de gracias. Fatso admiraba mi cuerpo y su mente sacaba cuentas sobre clientes satisfechos y enormes ganancias.
    
    – Sígueme, hijo.
    
    Caminé avergonzado. Seguía con una erección dolorosa. Pensé: » ¿Por qué no vamos a la cama y me haces terminar, maldita morsa? ¿Me vas a dejar así ...