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La máscara escarlata – parte 7
Fecha: 04/08/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Incesto Voyerismo Autor: PetterG, Fuente: SexoSinTabues30
... imposible, pequeña! Pero está bien, café para la heroína. Eso sí, no me culpes si me quedo mirando esas curvas tuyas aunque estés vestida ahora —bromeó, encendiendo la cafetera con un guiño cómplice. Clara puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar soltar una risita mientras subía a ducharse. Bajo el agua caliente, dejó que el calor relajara sus músculos, ya menos doloridos por la explosión. Se miró en el espejo empañado, trazando con un dedo las curvas de su cuerpo, ahora sin la máscara. “Heroína o no, sigo siendo yo”, pensó, recordando el caos de la plaza, la humillación de los bullies y la misteriosa revelación de Kai. Se envolvió en una toalla, dejando que gotas resbalaran por su piel, y bajó a la sala, donde el aroma del café llenaba el aire. Sentados en el sofá, padre e hija charlaron como confidentes hasta las siete de la noche. Entre sorbos de café, hablaron de todo: desde los titulares sensacionalistas que ya circulaban sobre la “heroína desnuda” hasta las anécdotas de la infancia de Clara, cuando su padre la sorprendía trepando árboles para “salvar gatos”. Él la miró con orgullo, su voz suavizándose. —Siempre supe que eras especial, Clara. Pero esto… la Máscara Escarlata, salvar la ciudad, enfrentarte a tipos con bombas mientras… bueno, luces así —hizo un gesto vago hacia ella, sonriendo—. Eres más valiente de lo que nunca imaginé. Clara se sonrojó, dándole un codazo juguetón. —¡Papá, para! Pero gracias… significa mucho que estés aquí, aunque sea ...
... para babear un poco —bromeó, guiñándole un ojo. El momento se tornó cálido, pero Clara miró el reloj y suspiró. —Papá, es hora de que marches. Solo me queda un día de permiso de mis vacaciones adelantadas; debo volver al colegio, y tú debes estar con mamá. No quiero que ella piense que te secuestré. Su padre asintió, con una sonrisa melancólica. —Tienes razón, pequeña. Pero no me voy sin asegurarme de que estarás bien. Prométeme que cuidarás ese cuerpito perfecto… es decir, ¡a ti misma! —añadió con una risa, esquivando el cojín que Clara le lanzó. Se alistaron rápidamente, riendo como si fueran cómplices de una travesura. Juntos, caminaron hasta el terminal bajo el cielo ya oscuro, con las luces de la ciudad parpadeando como testigos de sus aventuras. En el terminal, compraron un boleto para el próximo autobús. Clara insistió en pagar, sacando dinero de su bolso con un gesto teatral. —Esto es por ser el mejor papá, aunque tengas la manía de agarrarme el culo —dijo, haciéndolo reír. En la parada, el autobús llegó. Su padre subió, pero antes de que la puerta se cerrara, se volvió desde su asiento, mirándola a través del espejo. Sus ojos brillaban con una mezcla de orgullo y nostalgia. Clara, de pie en la acera, agitó la mano, su cabello ondeando con la brisa nocturna. —¡Vuelve pronto, papá! ¡Y no le cuentes a mamá sobre lo que te mostré! —gritó, sacándole una última carcajada. El autobús se alejó, sus luces traseras se desvanecían en la distancia. Y Clara ...