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Lo Que Ella Sabe
Fecha: 04/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Ariadna Apodidomi, Fuente: TodoRelatos
Se llama Lía. No sabe cuánto tiempo lleva con los ojos cerrados. El mundo, mientras tanto, ha dejado de exigirle respuestas. Sólo queda ese interior sin brújula, ese paisaje de pensamientos errantes donde cada idea se encadena a la siguiente como si caminara descalza por un pasillo en penumbra. Está desnuda, de rodillas, con las manos atadas a la espalda. Sus piernas ligeramente abiertas en un triángulo casi exacto al que posee entre sus ingles. Su cuello amarrado por un collar de perra y sus labios entreabiertos esperan, una orden. Y sus ojos tapados por un antifaz negro que no deja pasar la luz. ¿Me depilé? La duda le resbala entre ceja y ceja como una gota tibia. Hay temor, estará en condiciones de ser presentada. Una duda casi absurda, de que no recuerda, cuanto tiempo estuvo pasando la maquinilla, sólo recuerda las veces que acarició su vulva llevándose al límite. Acercándose a la puerta prohibida. Tal vez sí. Aunque la sensación de humedad escapando de entre sus labios le dice que podría no haberlo hecho como le ordenaron. Tenía que haber pasado por la tienda. No sé cómo estaré mañana. Hay veces que necesito recuperarme durante dos o tres días tumbada en el sillón. Estas sesiones son muy intensas y en muchas ocasiones lleva su tiempo. ¿Importa? Mañana ya pensaré en ello. Oscuridad. Lía sigue de rodillas totalmente desnuda a la espera. Pero, a la espera ¿de qué? La sala respira con ella. A ratos, la madera cruje muy lejos, como si alguien caminara ...
... con extremo cuidado. También se oye, de vez en cuando, un zumbido apenas eléctrico, como si la luz quisiera recordarle que existe. Siente su cuerpo vibrar: una vibración suave de las caderas, el peso del collar agarrado a al cuello, sus labios suspendidos entre el calor y el frío. Todo está quieto, y sin embargo... reacciona. Un cosquilleo le sube por la columna vertebral y activa su sistema nervioso a través de un escalofrío, algo parecido a un orgasmo paralizado. Una punzada en el clítoris hace que crezca sin que ella lo pueda evitar. Son pequeñas alertas de que está viva. ¿Dónde dejé el coche? Intenta distraer la mente. Ese es lo que mejor le funciona cuando intenta controlar su centro de placer y no tiene a nadie que la obligue. Visualiza mentalmente la acera: la línea amarilla medio borrada, el árbol pequeño con la copa triste. Calle Martínez de los Campos, creo. El maletero… sí. La bolsa. Está ahí. Cerrada. ¿Eché la llave? No consigue recordar, está demasiado nerviosa y sus pezones le duelen, mucho antes incluso, que empiecen a jugar con ellos. Nada grave, pero la imagen se queda fija. Una bolsa cerrada. Abandonada. ¿Qué había dentro? Se la habían dado en aquel almacén para él. Un lugar de curtidos y tratamiento de pieles. Le dijo que la guardar. Que ya le diría que hacer con ella. Lía traga saliva. No porque lo necesite, sino porque es la única forma de moverse sin moverse. Una de sus manos, atada a su espalda, se siente más tibia que la otra. ¿Será eso ...