-
Disipé las dudas de mi madre
Fecha: 05/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Risistasman, Fuente: CuentoRelatos
... intruso estuvo apoyado en el blando y húmedo lecho de su lengua. Rozando su paladar se pegó a su campanilla, sin importarle a la dama, dada su excitación y goce, el riesgo que corría de atragantarse con la mamada. Su lengua traviesa jugueteaba circunvalando mi glande hinchado, mientras que de vez en cuando sus lengüetazos a mi frenillo, me sumían en un estado de locura, ya que esa membrana era muy sensible y la mamona aunque inexperta, resultaba ser muy viciosa. Cuando después de esa felación maravillosa estaba a punto de eyacular en la cálida boca de mi madre, el contenido abundante de mis testículos, ella aceleró sus succiones y cerrando los ojos y acariciando la cabeza de esa maravillosa mujer que se había convertido en una magnífica alumna de mis enseñanzas pornográficas, sentí un gran escalofrío que recorrió mi columna vertebral y poco después arrojé en la boca, garganta, en los labios, cuello y hasta en sus pechos, unos cañonazos de leche que salieron en forma de alud incontenible. Lola siguió chupándome la verga y gracias a sus cuidados y a mi juventud, ésta pronto creció en el interior de su boca y se convirtió de nuevo en una estaca de carne erecta y desafiante, que yo ansiaba introducir en el chumino materno, logrando ver cumplido, mi viejo sueño de follarla. Me subí al fin sobre el vientre de Lola, como un jinete fanfarrón trata de cabalgar a mi yegua. Ella abrió los mulos generosa y se dispuso a recibir en su claustro íntimo mi polla supergrande. ...
... Tras colocarle mi aparato genital a la entrada de la vagina materna, con un golpe de riñones conseguí penetrarla totalmente hasta que mis testículos, de nuevo llenos de semen, rozaron su esfínter anal. Mi madre colocó excitadísima los pies en mi cuello y al contraer sus músculos vaginales, éstos formaron como una especie de boca hambrienta, que se cerró en torno a mi picha enorme, mientras unas gotas de flujo que brotaban incesantemente de su sexo, humedecieron nuestros muslos. Yo la sujetaba por las caderas, y teniéndola empalada, ensartada con mi gran verga, arrecié en mis acometidas follando a esa hembra, que movía su trasero, sus muslos, todo su bajo vientre, como una lavadora en la fase de centrifugado, haciéndome enloquecer de placer. Noté al fin que mis testículos se tensaban y pensé que en pocos segundos iba a correrme en el coño de mi madre. No quería dejarla preñada y por ello le pregunté a Lola, si debía o no salirme de su vagina. Ella me rogó, me exigió que no lo hiciera, y al correrse satisfecha entre alaridos de placer, no pudo contenerme y le llené su conejito con unas enormes oleadas de semen. Su vientre femenino se puso tenso cuando las primeras descargas de leche, le entraron como una lluvia de virilidad desbordada. Sin sacar el pene del agujero materno noté que de nuevo sentía deseos de follarla y me entregué al acto sexual con todas mis fuerzas, produciéndose de nuevo una descarga abundante y satisfactoria de lefa en el coño materno. Pese a ello ...