1. Presa de mi morbo me follé al mejor amigo de mi hijo


    Fecha: 07/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Carmen Pardo, Fuente: CuentoRelatos

    Viernes, 13 de diciembre de 2002; 09:30 horas de la mañana. Mi marido ya se había marchado a trabajar, como de costumbre. Mi hijo Oscar también había salido camino de la universidad, aunque los viernes termina las clases a las 14:30 horas. Yo estaba sentada frente a la mesa de la cocina removiendo el humeante café con leche del desayuno, en bata y con los pelos alborotados de la cama. Después confeccioné la lista de la compra mientras me fumaba el primer cigarrillo del día. Me duché, me arreglé, me vestí informalmente y salí al mercado.
    
    Cuando regresé a casa con la compra serían las 13:30 horas del mediodía. Subí en el ascensor hasta la octava planta, donde se encuentra mi domicilio. Al salir de la cabina del ascensor, en el rellano de la escalera, me encontré con un chico de la edad de mi hijo, que parecía esperar a alguien. Cuando me vio introducir la llave en la cerradura de la puerta de mi piso, se dirigió a mí preguntándome si allí vivía Oscar. Yo le respondí que era mi hijo. Entonces se presentó educadamente, me dijo que se llamaba Eduardo, y me contó que era amigo de Oscar y que habían quedado para comer juntos ese día.
    
    Entonces le expliqué que su amigo estaba en la facultad y que no vendría hasta las 14:45 horas aproximadamente. El chico, algo contrariado, me dijo que pensaba que Oscar no tenía clases los viernes. Como apenas quedaba una hora y cuarto para que mi hijo regresara, le invité a que le esperara en casa tomando una Coca-Cola. Tras un ligero titubeo ...
    ... Eduardo aceptó mi invitación.
    
    Abrí la puerta de la casa, le acompañé hasta el salón y le serví una Coca-Cola y unas patatas fritas. Luego me disculpé para ir a ponerme ropa más cómoda mientras él se tomaba aquel aperitivo. Sin caer en la cuenta de que Eduardo, a pesar de su juventud, era ya un hombre, me vestí como habitualmente suelo estar en casa, es decir, me quité la ropa y me enfundé una bata ajustada sobre las prendas interiores. Después me recogí el pelo en una coleta y me lavé la cara para quitarme el maquillaje.
    
    Nuevamente entré en el salón y me volví a disculpar, ya que tenía que preparar cosas de la casa. Eduardo con una sonrisa encantadora me dijo que no me preocupara por él, que esperaría allí a Oscar sin molestarme. Le agradecí sus palabras y me dirigí a la cocina para fregar los cacharros del desayuno. Mientras fregaba repasé mentalmente el aspecto de aquel chico. Era moreno, con el pelo muy corto por los laterales y terminando en una especie de cresta engominada en su parte superior, como lo solían llevar los chicos jóvenes del barrio. Tenía los ojos marrones, casi negros, bastante bonitos por cierto.
    
    En el lóbulo de su oreja derecha lucía un pendiente consistente en un pequeño aro plateado. Era bastante alto y muy delgado. Vestía un pantalón vaquero ajustado bastante raído, una camiseta negra, calcetines blancos y deportivas negras. Como se había remangado la camiseta, pude observar que llevaba tatuado el dibujo de una sirena en su antebrazo izquierdo. ...
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