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Presa de mi morbo me follé al mejor amigo de mi hijo
Fecha: 07/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Carmen Pardo, Fuente: CuentoRelatos
... En definitiva, Eduardo no era muy distinto a cualquier chico del barrio de su edad, incluyendo a mi hijo Oscar. Después de fregar los cacharros me dispuse a hacer el cuarto de baño. Me encontraba agachada sobre la bañera cuando de pronto vi el reflejo de Eduardo en el espejo. El corazón me dio un vuelco ocasionado por la visión inesperada del chaval. Él se disculpó amablemente, argumentando que tenía muchas ganas de orinar. Yo asentí con la cabeza y me dispuse a recoger el bote de lejía para salir y dejarle el baño libre, pero Eduardo, sin esperar a que lo hiciera, se bajó la cremallera de su bragueta, se sacó el pene y comenzó a mear como si nada. Turbada por la situación no me atreví a moverme del sitio, ya que para abandonar el cuarto de baño tenía que pasar por detrás de Eduardo a escasos centímetros. Entonces, sin querer, los ojos se me fueron hacia el pene del muchacho. Lo tenía bastante largo y gordo pese a su estado de flacidez. También pude observar que su glande se mostraba totalmente descapullado. Cuando retiré los ojos de su miembro me percaté de que Eduardo se había dado cuenta de que le estaba mirando el pene, y me sonrió pícaramente, a lo que yo respondí poniéndome colorada como un tomate. Cuando el chaval terminó de mear, se la sacudió varias veces y en lugar de guardársela en su bragueta, se la dejó fuera colgando. Luego, mirándome a los ojos directamente, me preguntó que si quería probar su polla. Aquellas palabras hicieron que un hormigueo, ...
... mezcla de miedo, vergüenza y excitación, recorriera todo mi cuerpo. Me quedé varios segundos sin reaccionar, mirándole a la cara, pero sin verle. Luego un desconocido y brutal impulso provocó que me arrodillara frente a Eduardo y metiera aquel trozo blando de carne en mi boca, sin mediar palabra alguna. En un tiempo récord el pene del muchacho se puso duro como una piedra. Si ya me había parecido grande antes, ahora era descomunal. Debía medir más de veinte centímetros y su capullo se veía terso e hinchado como un globo. No sé ni como, ni porqué, pero el caso es que se la estaba chupando sin parar. Al rato, Eduardo me cogió por los hombros para que me incorporara del suelo. Al hacerlo la polla del chaval se salió de mi boca acompañada de un borbotón de mi propia saliva. Cuando finalmente me puse de pie, me agarró la cara con ambas manos y comenzó a besarme en la boca con habilidad. Su lengua exploraba mis encías como una serpiente nerviosa y sus labios acariciaban suavemente los míos. Luego, sin dejar de besarme, me abrió la bata, me desabrochó el sujetador y comenzó a acariciar mis tetas. Irrefrenablemente mis pezones se pusieron duros como pitones. Después comenzó a lamerme los pechos y a mordisquear mis pezones. Yo me estaba derritiendo de placer. Una de sus manos, abandonó mis tetas y fue resbalando por mi tripita. Hábilmente la introdujo bajo mis bragas y comenzó a acariciar mi ya húmedo coño. Presa de la excitación le agarré la polla y empecé a masturbarle ...