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La puerta con llave - Parte 2
Fecha: 08/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos
... otra vez. La palabra le pareció absurda, casi infantil. Pero no lo corrigió. —Así será —respondió—. Esa será tu refugio. No la uses a la ligera. Louis asintió, ya más cómodo en la habitación. Sus ojos se permitieron recorrer el cuerpo de Francoise con una mezcla de reverencia y deseo. Una de sus piernas se asomaba por la abertura de la túnica, tersa, suave, como una pincelada de carne entre sombras. La piel desaparecía dentro del manto oscuro, como si se escondiera a propósito. —Soy tuSoumis —dijo él, con voz baja—. Y tú miMaître. Pero sin ser irrespetuoso… ¿cuándo podré verte desnuda? Francoise lo miró. Por un instante, la tensión en su mandíbula reveló que estaba a punto de estallar. Pero se contuvo. Respiró. Y respondió con una calma que no era indulgente, sino estratégica. —Bien. Para ti esto es nuevo. Aún no sabes cómo comportarte. Así que haremos un pacto. Se acercó, sin tocarlo. —Mientras me enseñes respeto, aquí, en esta sala, yo te enseñaré mi cuerpo. Poco a poco. No como premio. Como proceso. Louis tragó saliva. No por miedo, sino por la conciencia de lo que estaba aceptando. —Pero debes recordar —continuó ella—: si me desobedeces, te castigaré. No por crueldad. Por estructura. Porque aquí, aunque no lo creas, yo también me libero. Francoise se giró, dejando que la luz delineara su figura. —Aquí soy una diosa. No porque me adores. Sino porque yo decido cuándo mostrarme. Y cómo. Louis bajó la mirada. No por vergüenza. Por ...
... respeto. La lección había comenzado. Y esta vez, no estaba en los libros. Francoise lo miró con calma, pero con una firmeza que no admitía réplica. —Antes de entrar en esta sala, hay una regla que debes entender —dijo—. No tocarás sin permiso. No mirarás sin que yo lo indique. Aquí, el deseo no te pertenece. Solo la obediencia. Louis asintió, aunque en su interior la ansiedad lo empujaba a cruzar esa línea. —Ese es tu primer límite —añadió ella—. Si lo rompes, habrá consecuencias. Y Louis lo rompió. No con palabras, sino con el gesto: sus ojos se deslizaron por su cuerpo, su mano se movió apenas, como queriendo rozarla. Francoise lo vio. No lo detuvo. Solo lo marcó. —No obedeciste —dijo—. Así que te castigaré. Lo condujo hacia una mesa de madera oscura. Le pidió que se quedara quieto. Louis obedeció, esta vez sin palabras. Francoise tomó cuerdas de terciopelo y las ató con precisión a sus tobillos, fijándolos a las patas de la mesa. Luego se detuvo frente a él. —Desnúdate —ordenó ella. Louis lo hizo de inmediato, sin pensar. Francoise no lo miró. En cambio, tomó otras amarras, las sujetó a sus muñecas y las conectó a una cuerda suspendida del techo. Con un movimiento firme, elevó sus brazos. Louis quedó inmóvil, expuesto, vulnerable. —Elige tu castigo —dijo ella, señalando una pared cubierta de objetos: reglas, látigos, plumas, pinzas, maderas. —No quiero —respondió él, con voz temblorosa. Francoise se acercó, sin tocarlo. —El premio por ...