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Una entrada sin salida al bar del placer
Fecha: 09/08/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Analya, Fuente: CuentoRelatos
Llegamos por fin al lugar, un bar que asemejaba a una gruta del siglo XV. La entrada tenía una puerta de hierro muy alta y un poco oxidada, de un color negro casi grisáceo corroído por el paso del tiempo. De pronto, una nube de humo blanco comenzó a salir desde el suelo y apenas se divisaba la tenue luz violeta que titilaba desde el cartel que publicitaba el lugar: la palabra Alastor con su luz de neón aleatoria, nos marcó el camino para distinguir la puerta y la entrada al lúgubre bar. Noelia tomándome del brazo me susurraba en el oído las ganas de volver a casa. Le conteste que se tranquilizara y que la fama de este lugar estaba garantizada por la publicidad y por los numerosos comentarios que auguraban un templo de diversión y fiesta Nuestra primera impresión cuando ingresamos fue la de un bar común y corriente. Los latidos de los tambores africanos sonaban con fuerza. Los gritos desgarradores de Mick Jagger anunciaban su viejo éxito “simpatía por el diablo”, allí, Lucifer tomando el lugar de diferentes personas, todas emparentadas con la maldad y el exceso: la policía que maltrataba a los negros en Norteamérica y el asesino de Kennedy fundidos en una sola persona. Nuevas bandadas de humo volvían a aparecer y de pronto comenzaba a distinguir algunos rostros que uno solo tiene en fotos y en videos. Vestido con piel de lagarto, Jim Morrison bebía un vaso gigante de bloody mary y Charles Manson tocaba su larga barba al mismo tiempo que una señorita le practicaba una ...
... fellatio por entre la mesa. Mire desconcentrada a mi compañera quien observaba excitada a un hombre alto, de una gran espalda, el pelo azabache hasta sus hombros y unos ojos que asemejaban a los de un felino. Este sonreía odiosamente y con lascivia, con su boca grande y su lengua larga y filosa. Como por arte de magia, las manos de mi amiga ya formaban parte del cuerpo desnudo lubricado por la transpiración, sus dedos dibujaban círculos en ese tórax apabullante, en el sexo bien marcado entre una fina lona blanca que tenía entre sus piernas. Todo empezó a parecerme raro. Apenas había probado un poco de vino en la entrada, pero mi cabeza comenzó a darme vueltas y mi vista parecía alucinar. A mi izquierda, una mujer cercana a los dos metros exhibía para todos lo que quisieran ver y tocar, unas exuberantes tetas que se movían al mismo tiempo que su baile pélvico. Mi amiga a esa altura ya desaforada, ingería un pene monumental, muy venoso y de una piel que semejaba a la de una serpiente. Lo saboreaba, le pasaba su lengua por su glande, se lo metía hasta su garganta sintiendo el calor de ese sexo monstruoso. Mi desconcierto aumentaba al observar en un sillón cercano a la barra de bebidas, a una mujer sentada arriba del pene de un hombre gordo cabalgándolo a un ritmo desenfrenado. Pude llegar a ver el movimiento de sus tetas que se bamboleaban rápidamente y eso llegó por fin a excitarme de un modo insurrecto. Mi corazón latía al ritmo de AC/DC con su Autopista hacia el ...