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La nueva compañera de piso 4
Fecha: 09/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Naira Rose, Fuente: TodoRelatos
Ana apareció envuelta en una toalla. Aún húmeda, con el cabello pegado al cuello y una expresión serena, aunque cansada. —¿Pudiste calentar algo? —preguntó, mientras se frotaba los brazos. Yo cerré la puerta de la heladera con lentitud. Sentí la mirada de Noe sobre mí todavía, aunque ya no era tan directa. Había algo en ella que se había cerrado, como si la confesión en la cocina hubiese sido un último intento... o una despedida. —Todavía no. Me distraje —respondí, evitando el contacto visual. Ana caminó hasta la mesa, sin percibir del todo lo que flotaba en el ambiente. Se sentó frente al plato vacío que alguien —Noe, seguramente— había dejado ahí sin intención de usarlo. Lo empujó hacia un costado. —Noe, ¿te quedás a cenar con nosotros? La pregunta rebotó como una piedra lanzada a un lago quieto. Noe dudó un segundo. —No, gracias. Ya comí algo antes. Igual gracias. —Su voz era tranquila, pero medida. Como si cuidara cada palabra para no dejar escapar lo que aún ardía por dentro. Ana sonrió, sin notar el subtexto. O quizás sí lo notó... pero eligió no mirar demasiado. Yo, en cambio, me sentía como en un triángulo imposible de desarmar. Con una mujer que me amaba, otra que me había visto más allá del deseo, y un silencio que empezaba a doler. Noe dejó la cuchara en el fregadero, se secó las manos y pasó junto a nosotros rumbo a su cuarto. Al pasar, rozó mi brazo sin querer. O tal vez sí. No miré. No dije nada. Ana tampoco. El silencio ...
... volvió a ganar. Solo cuando la puerta del cuarto de Noe se cerró, Ana habló. —¿Está todo bien entre ustedes? Me giré, sorprendido. —¿Cómo? —No sé... la noté rara. Vos también estás raro. —No pasó nada, Ana. Ella me observó unos segundos, como si buscara en mi cara lo que no me animaba a decir. —Martín… si en algún momento sentís que esto no va más, prefiero saberlo. Me dolió. No porque fuese injusto, sino porque era cierto. Lo que habíamos construido juntos estaba empezando a resquebrajarse. Y no por Noe. No del todo. Sino porque algo dentro de mí había empezado a mirar hacia otro lado. —Te amo —dije. Y era verdad. Pero el amor a veces no alcanza cuando uno empieza a sentirse ausente de su propia vida. Otra noche sin Ana: Como les comenté anteriormente, Ana frecuentemente visitaba a sus padres, aunque esta vez se aseguró de que Noe no estuviese en casa. No sé si ya estaba percibiendo algo entre nosotros. Eran las 20 horas y yo estaba solo. Se suponía que Noe se había ido a la casa de una amiga, pero a eso de las 21 apareció por la puerta. —Volví más temprano de lo que pensaba. Llevaba un vestido blanco suelto que resaltaba sus ojos oscuros. Nos sentamos a cenar juntos y, por un momento, parecíamos amigos. No surgió el tema de la tensión entre nosotros. No sé si esta chica pretendía volverme loco con sus cambios de actitud, pero era intrigante. Comenzamos tomando un poco de fernet con coca y la cosa tal vez se desinhibió un ...