-
Mamá ¿por qué estás desnuda? (FINAL)
Fecha: 10/08/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
El asiento del copiloto era una cámara de tortura diseñada por algún sadista japonés: mullido, sí, pero con una inclinación que te arqueaba la espalda justo en la zona donde ya dolía el alma. El coche de mi padre olía a mentol y a una colonia barata que trataba de camuflar el hedor rancio de los cigarros que por los últimos 30 años le habían pudrido los dientes. Luis tenía la ventana bajada y manejaba con una sola mano, el codo fuera como si quisiera marcar territorio en el aire citadino. Iba callado, cosa rara, porque normalmente llenaba el trayecto de preguntas, pero hoy sólo iba mirando el tráfico, la ciudad, y de vez en cuando se giraba para mirarme como si esperara una señal de que seguía ahí y no me había lanzado en marcha. —¿Qué tal la uni? —preguntó. —Bien, —dije. Esa misma pregunta había sido respondida de manera idéntica por los últimos años sin que ninguno de ambos mostrara ningún interés en ahondar más en ello. Asintió. El silencio se llenó con el ruido del motor y los frenazos de los taxis al frente. Me pregunté qué sentiría si, en un accidente, Luis salía disparado por el parabrisas y se deshacía contra el asfalto. ¿Dolor? ¿Alivio? ¿Nada? Imaginé la noticia en la tele, la llamada de la morgue, las lágrimas fingidas de su última amante. Sacudí la cabeza para sacudirme la idea. —¿Y tu mamá? —dijo al rato, ahora sí volteando con más ganas. —Bien también. —Me dijeron que está saliendo mucho, que se ve más joven. Qué cabrón. Me dieron ...
... ganas de decirle que mamá se veía más joven porque cogía como nunca en la vida, pero me lo guardé. Le regalé una sonrisa neutral. —Sí, le va bien. —Me alegra —dijo, pero la voz le tembló, y entonces supe que el discurso tenía agenda. El trayecto siguió igual, una alternancia entre el mutismo y la invasión pasivo-agresiva. —Salva, yo sé que no te quieres meter en lo que pasó, —comenzó—. Pero créeme, para los dos es difícil. A veces, uno comete errores… Tú debes saberlo, al final del cuenta eres un hombrecito ya… Ojalá hubiera un botón de eyección para humanos. —Está bien, papá —dije. Se quedó callado un rato. Pasamos frente a una tienda de colchones. Unos niños reían desde el asiento de atrás de un Uber. —¿Sabes qué extraño? —dijo de la nada—. El ambiente relajado del hogar, saber que tu madre y tú siempre estaban ahí, como una decoración de fondo que le daba vida a mi vida. Dios… así que éramos una decoración… —Deberíamos intentarlo, ¿no? —insistió—. Claramente no de golpe, tal vez, pero sí... la familia es importante, ¿no crees? Me reí, pero fue más un espasmo que una reacción genuina. —Creo que es difícil después de todo lo que pasó… — realmente estas pláticas no eran mi fuerte, y no pensaba fingir lo opuesto. —Supongo que tienes razón. Al llegar a la cuadra de siempre, estacionó frente al edificio y apagó el motor. La falta de vibración del auto hizo que el silencio fuera todavía más rotundo. Luis me miró, ahora sí de frente, y puso la ...