1. Mamá ¿por qué estás desnuda? (FINAL)


    Fecha: 10/08/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... frontera.
    
    La noche cayó como un telón, y la ciudad se llenó de ruido blanco: motores, televisiones, el lejano ladrido de un perro. Mamá se bañó primero, y cuando salió del baño, el vapor la envolvía como una nube de diosa griega. Se puso una bata blanca, de esas que apenas tapan el escote y dejan las piernas al aire. Caminó descalza hasta la cama, y se sentó al borde, cruzando los brazos sobre el pecho.
    
    Me metí a bañar con el corazón desbocado. El agua estaba helada, pero no me importó. Me enjaboné con rapidez, frotando el cuerpo como si quisiera borrar cualquier resto de la historia reciente. Quería estar limpio para ella. Para mi mamá.
    
    Al salir, la vi esperándome. No había luz en la habitación, sólo la lámpara de buró, que lanzaba una mancha dorada sobre las sábanas. Mamá se quitó la bata y la dejó caer al suelo. Su cuerpo, bañado en la luz amarilla, era una locura: senos firmes, pezones duros como botones, vientre plano, caderas anchas, piernas marcadas de andar la vida a pie.
    
    Me acerqué y la abracé, sintiendo cómo el calor de su cuerpo se fundía con el mío. Nos besamos con una lentitud feroz, mordiéndonos los labios, chupándonos la lengua, dejando que las manos se volvieran mapa sobre la piel del otro.
    
    Mamá me tumbó en la cama y se montó sobre mí, como tantas otras veces. El sexo de mamá, húmedo y abierto, se frotó contra mi verga hasta dejarla empapada. Sentí el calor, el pulso, el temblor de su pelvis.
    
    Me moví bajo ella, dejando que el peso de su ...
    ... cuerpo me aplastara. Mamá se inclinó hacia adelante, apoyando los codos a ambos lados de mi cabeza, y me miró a los ojos.
    
    —Hoy sí quiero —dijo, con la voz firme.
    
    —¿Estás segura? —pregunté, porque no quería lastimarla.
    
    Mamá sonrió y me besó.
    
    —Quiero que me des por el culo.
    
    No hubo más palabras.
    
    Mi mano bajó hasta su culo, lo apreté, lo abrí, y sentí la tensión suave de su esfínter. Había probado antes, con dedos, con lengua, con juguetes. Pero con la verga entera. Había soñado con ese momento: con la cabeza de mi pene asomando en la entrada, con la carne cediendo poco a poco, con el cuerpo de mamá temblando de dolor y placer.
    
    La besé en la boca, despacio, y luego empecé a bajar. Mamá me dejó hacer, con las manos descansando en mis hombros, como si necesitara ese apoyo para no salir flotando. Le mordí el cuello, chupé la clavícula, lamí el hueco de su axila con el descaro del que ya no esconde nada. Mamá gimió y succionó aire por los dientes, la espalda arqueada en una vibración eléctrica. Seguí hacia abajo, las manos abriéndole los muslos, y el olor —mezcla de jabón, sudor y el puro instinto de la piel— se me ancló como un tatuaje dentro de la nariz.
    
    El pubis de mamá era mi terreno favorito: vello castaño, abundante, pero tan suave que podía pasar la cara por ahí todo el día y no cansarme. Lo despeiné con la boca, mordí con suavidad la raíz y después ladeé la cabeza para mirarla. Quería ver si de verdad me miraba, si de verdad estaba ahí, conmigo, en la ...
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