1. Mamá ¿por qué estás desnuda? (FINAL)


    Fecha: 10/08/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    ... mano en mi hombro.
    
    —Sólo háblalo con ella, ¿sí? Dile que he cambiado. Que estoy dispuesto a arreglar lo que sea.
    
    Asentí, sin comprometerme a nada.
    
    Salí del coche y ni siquiera volteé a despedirme.
    
    El departamento era un universo aparte. Había olor a café, a pan dulce y a ese incienso raro que sólo Patricia podía tolerar. La puerta estaba abierta, como siempre, y bastó asomar la cabeza para que mamá saliera a recibirme.
    
    —¡Mi vida! —dijo, y antes de darme tiempo para responder, me abrazó como si me fuera a deshacer ahí mismo.
    
    La diferencia era brutal. El cuerpo de mamá era una máquina de calor; su abrazo era abrazo de verdad, con los brazos apretando y la mejilla pegada a mi cuello. Sentí la electricidad de su pecho contra mi torso.
    
    Cerró la puerta con la pierna y me llevó hasta la cocina sin soltarme. Se apartó y me miró, con los ojos grandes y un poco húmedos.
    
    —¿Qué tal con tu papá? —preguntó, y por cómo lo dijo, supe que no quería una respuesta real.
    
    —Lo de siempre, —dije, y le di un beso rápido en los labios.
    
    Mamá se rio, pero se le notó el cansancio en las comisuras.
    
    —Creo importante que mantengas una relación con él, —me dijo—. Aunque él y yo ya no tengamos una relación, siempre va a ser tu padre…
    
    No respondí. La miré de frente. Las ojeras de mamá se habían suavizado, la piel brillaba un poco más, y aunque se notaba que la vida no le había bajado la guardia, sí había una luz nueva en el fondo.
    
    Me senté en la mesa y ella me sirvió ...
    ... café, el suyo con azúcar, el mío sin nada. Se acomodó en la silla de enfrente, doblando las piernas bajo el trasero como hacía de adolescente.
    
    El silencio ahora era cómodo.
    
    —¿Sabes qué? —dijo pasado un rato, con una voz rara, grave, como si escondiera una carcajada—. Hoy puede que sea nuestra… noche especial
    
    Levanté una ceja.
    
    —¿Especial cómo?
    
    Mamá se mordió el labio, y los ojos le brillaron con esa chispa que sólo conocía yo. Se acercó, agarró mi mano y la llevó hasta su muslo. El tacto fue inmediato: sentí el calor a través de la tela, el ritmo lento de su respiración, la promesa de algo más.
    
    —Tú sabes especial cómo —susurró,.
    
    No hizo falta explicación.
    
    La recordé, desnuda, sudando, con las piernas abiertas y la cara de furia extática.
    
    Recordé en un segundo errático todas las noches anteriores donde nuestro arsenal de juguetes sexuales habían pasado uno tras otro por su culo, preparándola para lo que llamábamos: el final inequívoco de nuestra
    
    Hoy, la voz de mamá era diferente. No había elusión, ni broma, ni dudas. Había hambre.
    
    Terminé el café de un trago y la miré.
    
    —¿Hoy sí? —pregunté, con la voz seca.
    
    Patricia asintió, y supe que lo decía en serio.
    
    La tarde se fue en un simulacro de normalidad. Comimos arroz con pollo, vimos media película y jugamos a ignorar el reloj. Pero el tiempo se sentía distinto: cada palabra, cada broma, cada roce de manos era un anticipo. Un pasaje hacia el momento en que mamá y yo íbamos a romper la última ...
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