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Albast.Capítulo 21
Fecha: 11/08/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos
... Charlaron un rato antes de que Sigfried, como siempre, la dejaba un rato a su aire. En una esquina de la sala, estaba Hilde. Con su nuevo estatus, ahora no resultaba raro que se acercase a hablar directamente con ella, así que cogió otra copa de champán y se acercó. —Una fiesta espléndida. —comentó ella— Y el champán es francés. Hilde asintió mientras cogía la copa de la mano de Úrsula. —Me han contado lo ocurrido. Probablemente te lo imaginarás, pero tu oficial me ha pedido que te diga que no hagas ninguna locura estos días. La ayuda llegará pronto. —susurró ella dándole un trago al champán— Mmm, nunca me cansaría de esto. Ahora no sé cómo voy a vivir sin caviar. ¿Qué tal va todo? —Bien. De momento. El hombre de la Gestapo no se quedó mucho tiempo. Sospecho que volverá. —dijo Hilde con gesto ligeramente preocupado. —No te preocupes por eso. ¿Alguna cosa más? —preguntó ella. —No, nada de interés. Con el hombre de la Gestapo y los pasadizos bajo vigilancia, no he tenido ocasión de averiguar nada. Úrsula asintió comiendo un canapé de caviar, pero no se le escapó la mirada preocupada y triste de Hilde. A pesar de lo que decía, no todo iba bien. Necesitaba averiguarlo. —Se que te pasa algo. A veces contarlo ayuda. ¿Tienes problemas con tu... tus amantes? —No... No. Solo es el trabajo. A pesar de que lo he retrasado todo lo que he podido, he empezado a experimentar con seres humanos. A la gente de aquí le parece lo más normal, pero para mí es ...
... repulsivo. Tengo que ocultar las arcadas que siento cada vez que entró en ese lugar y veo el resultado de mis acciones. —Esas pocas personas sufrirán para salvar a muchos millones. —la intentó tranquilizar Ursula— Nadie te juzgará por ello. —Supongo que es el precio que hay que pagar por haber dejado que esa pandilla de imbéciles se haya hecho con el poder. La llegada del resto de las chicas de la BDM, acabó con la conversación. Los hombres se acercaron a ellas y entre risas y brindis comenzaron a formarse las parejas. Sigfried volvió y la llevó a la pista de baile. Greta estaba sentada. Cada vez se sentía más cansada. La lógica le decía que aun le debían faltar cinco semanas para dar a luz, pero sentía que estaba a punto de parir. La barriga no paraba de crecer y su pequeño soldado no paraba de moverse dentro de ella, como si se le estuviese quedando pequeña. Además, sus pechos, aunque había sentido un ligero alivio cuando había follado con Gerhard, volvían a estar hinchados y hasta la más suave seda de su ropa interior, irritaba sus sensibles pezones. Aun así, había insistido en estar presente en el baile. Con Worten en una de las celdas y el Kriminallkommisar de vuelta en Berlín, la gente estaba mucho más relajada. Sentada en una silla que Wust había mandado colocar para ella, comía canapés y echaba de menos a Gerhard... O más bien a su polla. Si algo tenía claro, era que aquel hombre meticuloso y violento a partes iguales, le atraía sin remedio. Siempre había ...