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Albast.Capítulo 21
Fecha: 11/08/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos
... pensado que en cuestión de sexo le gustaba llevar el mando. Pero al final suponía que era tan convencional como cualquier mujer alemana. Le había gustado que Beier la dominase y explorase todas sus aberturas naturales. Cada vez que recordaba la polla del comisario dentro de su culo; los relámpagos de dolor y placer y las sensaciones desatadas por aquel orgasmo, su sexo se encharcaba. Ni siquiera observar a los habitantes del castillo desde los pasadizos discutiendo, masturbándose o haciendo el amor, la ponían tan cachonda. Siguió con la mirada a las jóvenes de la BDM, preguntándose si pensaban lo mismo que ella. Si deseaban un hombre que las dominase y jugase con ellas a placer, como si fuesen muñecas. Observó a Sigfried. Se había encaprichado de aquella jovencita del pueblo. Quizás les siguiese aquella noche. Sigfried tenía pinta de ser un hombre que no se andaba con rodeos. La forma en que ceñía a la joven contra sí, mientras bailaban tan estrechamente, delataba la intimidad que la pareja intercambiaba. Siguió sus evoluciones por la pista. Hacían muy buena pareja. Él tan elegante y ella tan joven y flexible... le recordaba un poco a Eva Braun, la novia secreta de Hitler. Bebió un poco de zumo de melocotón y los observó hasta que Wust llegó desviando su atención. Aun así, no dejó de seguirles por el rabillo del ojo. Por fin había acabado toda aquella pesadilla. Lotte bailaba con Marcus, relajada al saber que le hombre de la Gestapo había desaparecido por fin. El ...
... hombre la había interrogado con una educación exquisita, suponía que esperando que se relajara y cometiese un desliz, pero Hilde había practicado con ella toda la noche y había respondido las preguntas tomándose su tiempo, pero sin vacilaciones y sin contradecirse, a pesar de las preguntas repetitivas del investigador. Siguió los consejos de su amante y en ningún momento se consideró más inteligente que aquel hombre sanguinario. No se le escapó y Beier no ocultó en ningún momento la inflamación de los nudillos del detective. Alguien lo pasó mal en su presencia, sin ninguna duda. Finalmente, el hombre pareció medianamente satisfecho y la dejó marchar. Durante las siguientes horas, volvió a sentir una incertidumbre que no había sentido desde que esperaba los resultados de su examen final de la carrera. Cuando pasaron las horas sin que ningún gorila viniese a llevársela a rastras de nuevo a la sala de interrogatorios, por fin pudo relajarse. —¿En qué estás pensando? —le preguntó Marcus mientras la llevaba por la cintura de un lado al otro de la pista de baile. —En nada en especial. —respondió Lotte— Hasta que Hilde nos lo preguntó, nunca me había planteado si este gobierno estaba legitimado para comenzar una guerra. —Lo sé. Yo también lo he pensado. —asintió Marcus a su oído— Al principio yo tampoco estaba convencido de lo que decía. Después de todo, crecimos con las historias que nos han contado los nazis y nunca pensé que pudiese haber otra versión. Simplemente no la ...