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La cajera del súper (1)
Fecha: 12/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Adulto38, Fuente: CuentoRelatos
... los nervios, le pregunté: —¿Qué preferís hacer? Había pensado en cine y cena, pero vos decime. Ella me miró con esos ojos negros que ya me estaban volviendo loco y me respondió tranquila: —Prefiero que vayamos a cenar a un lugar tranquilo… y después podemos dejar el auto en la rambla y caminar un rato. La idea me gustó. Terminamos en un restaurante con luces tenues y un ambiente cálido. La charla fue fluyendo, natural, llena de risas y confidencias. Me contó cosas de su vida, yo le conté cosas de la mía. Sentía que nos conocíamos de siempre, pero con la tensión de que era la primera vez que estábamos realmente solos, sin la barrera de la caja del súper ni el apuro de la fila. Durante la cena, varias veces sentí su pie rozándome la pierna por debajo de la mesa. Cada vez que lo hacía, tomaba un sorbo de agua y me miraba fijo. Esa mirada con esos ojos negros me desarmaba por dentro, me quemaba por fuera. La cena terminó cerca de las once. Pagamos, nos levantamos y fuimos hacia el auto. Apenas cerré la puerta del lado del conductor, antes de que pudiera siquiera arrancar, ella se inclinó y me besó. No fue un beso tímido ni de prueba: fue pasional, húmedo, con lengua, caliente. La agarré de la cabeza con mis manos, le acaricié la cara y el pelo, mientras ella hacía lo mismo conmigo. Cuando el beso terminó, me miró a los ojos y me dijo sin rodeos: —Llevame a casa. Me quedé helado. Pensé que había hecho algo mal, que había metido la ...
... pata. —Perdoname, si te incomodé en algo… —balbuceé. Ella sonrió con picardía y me cortó en seco: —Vos sabés para qué me invitaste a salir. Y creo que sabés por qué te dije que sí. Se me hizo un nudo en la garganta. Tenía razón. Hacía tiempo me la quería coger, aunque nunca me hubiera animado a decirlo así de frente. —Vamos para casa, olvidate de la caminata —remató. No hubo más palabras. Arranqué el auto y manejé. El silencio que siguió no era incómodo: era electricidad pura, deseo contenido. Yo no pensaba en otra cosa que en lo que estaba a punto de pasar. Cuando llegamos, estacioné. Ella abrió la puerta y bajó sin esperarme. Yo iba atrás, con la cabeza explotada de adrenalina. La noche recién empezaba. Cuando entramos a su casa me hizo pasar al living, me dijo que me pusiera cómodo en el sofá y se fue a la cocina a buscar un vaso con agua. Yo la esperaba tranquilo, pero para mi sorpresa, cuando volvió ya no tenía puesto el vestido: apareció en ropa interior negra, un sostén mínimo que apenas le tapaba los pezones y una tanguita finísima que se le metía entre las nalgas. Me quedé helado, no podía dejar de mirarla. Con una voz dulce y seductora me preguntó: —¿Te gusta lo que ves? —Me encanta —le contesté. A mis 45 años me estaba sintiendo como un adolescente de 20. Ella puso una música suave y empezó a moverse, a bailar lento, mirándome fijo mientras se tocaba. Yo sentía cómo la pija se me iba parando, tan apretada en el jean que parecía que me ...