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Humillado por dos viejas
Fecha: 13/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: esclavamanoli, Fuente: TodoRelatos
Aprovechando un viaje a Guatemala decidí buscar, mediante una página de contactos, una mujer que me ayudara a vivir mi fantasía de sumisión mediante masturbación y negación del orgasmo durante varias horas. En mi anuncio especificaba que estaría en un hotel de la capital. Mi gran suerte fue que me contestó una mujer que decía que tenía 67 años y que trabajaba de camarera de habitaciones en uno de los mejores hoteles de la capital, cuyo nombre no diré por razones obvias. Me decía que si me hospedaba en ese hotel todo sería más fácil. Estuve de acuerdo y, tras comprobar que el hotel se ajustaba a los estándares que yo buscaba, decidí hacer mi reserva allí. Me parecía que era una mujer demasiado vieja, pero también pensé que así sería aún más humillante todo, ya que yo estaba cerca de los 60 y, en principio pensaba en cuarentonas o más jóvenes. En los días que pasaron hasta que llegó el momento de mi viaje nos cruzamos algunos mails para preparar nuestro encuentro. Ella me reconoció que no me daba su nombre verdadero y yo también le di un nombre inventado. Cuando al fin llegó el día de cumplir mi sueño yo estaba muy nervioso tumbado desnudo en la cama de la habitación. Por otras experiencias que había intentado tener alguna vez y con poco resultado, le dije que lo mejor era que habláramos lo menos posible de nosotros, nada que no fuera el juego sexual que íbamos a hacer. Ella estuvo de acuerdo. Me dijo que ella empezaba a trabajar a las once del mediodía y acababa siete ...
... horas más tarde. Ese sería nuestro tiempo. Durante esas siete horas, ella estaría entrando y saliendo de mi habitación cuando quisiera y pudiera para humillarme y tenerme al borde del orgasmo sin dejarme eyacular. Dos suaves toques a la puerta fueron el preaviso para que una mujer con uniforme de camarera, negro con un delantal blanco, entrara a la habitación. −Está claro que me esperabas a mí –dijo al verme desnudo sobre la cama−. No te muevas. La mujer era bastante bajita, con rasgos indígenas, muchas arrugas en la cara por la edad y unas tetas muy grandes. −Antes de nada −dijo−, recordemos nuestro acuerdo. −Sí, señora –respondí sumiso. A ella le gustó lo de Señora. −Muy bien. Me gusta lo de Señora. Así me llamarás siempre. Yo a ti te llamaré idiota. Aunque podría hacerlo, ni siquiera voy a averiguar tu verdadero nombre mirando tu ficha en recepción. No necesito saberlo para nada mientras tú cumplas. Yo soy una persona seria y espero que tú también. −Sí, Señora. −Pues bien. Durante las próximas 7 horas, cada vez que yo entre en esta habitación correrá el tiempo. Me pagarás un dólar por minuto el tiempo que yo esté aquí. Cada vez que entre puedo estar quince minutos, o diez o veinte. Más no podré. A la cantidad que salga añadirás otros veinte dólares más al final del día. Es eso, ¿no? −Sí, Señora, eso es lo que hablamos. −Perfecto. Ábrete de piernas y cállate ya, idiota. Así lo hice. Fue el tiempo inicial que ella necesitó para conocer mis ...