1. Humillado por dos viejas


    Fecha: 13/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: esclavamanoli, Fuente: TodoRelatos

    ... antes. En pocos segundos ya estaba otra vez gozando y sufriendo.
    
    −Escúchame bien, idiota. No he podido venir antes y a este paso no me va a compensar económicamente lo que me des. Tranquilo, no te subiré el precio, pero he pedido ayuda y tienes que saberlo y estar de acuerdo.
    
    En ese momento dejó de tocarme y me sentí frustrado.
    
    −Dígame, Señora.
    
    −Bien. He pedido ayuda a mi hermana. A ella ya la conocen en el hotel y no tendrá problema para moverse por aquí sin que nadie le diga nada.
    
    −Lo que usted diga, Señora.
    
    −Bien, me tengo que ir ya. Mi hermana no tardará mucho. Mientras tanto pasarás un poco de calor.
    
    Dicho esto tomó una manta y la dobló para después ponérmela encima dejando solo libre la cabeza. A continuación hizo lo mismo con la otra. De esa manera, a todos los efectos tenía 4 pesadas mantas cubriéndome todo el cuerpo.
    
    −Vas a pasar mucho calor, idiota. Igual que con la cuerda, sería fácil destaparte, pero después, tal como tienes atadas las manos, no podrías volverte a tapar. Si te destapas, la multa será de 100 dólares. Ahora me voy que tengo que trabajar.
    
    Al cabo de un momento volvía a estar totalmente a oscuras y pasando un calor tremendo. Era como si tuviera 4 mantas tapándome. Con el calor la excitación aumentó más. También la incertidumbre sobre la hermana de la Señora me tenía inquieto. ¿Cómo sería?, ¿sabría lo que me tiene que hacer?
    
    La incertidumbre duró poco. Seguro que la hermana ya estaba de camino cuando la Señora me avisó de ...
    ... su llegada. No creo que hubieran pasado más de 15 minutos cuando se abrió la puerta de la habitación.
    
    −Buenos días idiota. Estoy encantada de estar aquí. Jajajaja
    
    No fue una risa, fue casi una carcajada. La mujer no encendió la luz sino que subió todas las persianas para que la luz natural inundara la habitación.
    
    Cuando la vi me quedé de piedra. Fácilmente tendría 10 años más que su hermana. Casi era una anciana. Se parecía mucho ella, pero un poco más alta, un poco más delgada y con unas tetas bastante más grandes que la Señora y que se adivinaban enormes debajo de la blusa blanca que llevaba. Una falda larga negra y zapatos del mismo color completaban la vestimenta. El pelo, muy canoso, lo recogía en un moño sobre la nuca.
    
    Me quitó las mantas de un tirón y lo agradecí con alivio. Me dio una palmada en el muslo para recordarme que tenía que abrir las piernas obligatoriamente.
    
    −¿Qué pasa, idiota. No te sabes las normas?
    
    −Sí, sí. Perdón… −balbuceé.
    
    Se sentó a mi lado y comenzó a tocarme la polla y los cojones de la misma manera que lo hacía su hermana. Se veía que ya estaba aleccionada.
    
    −A mí también me llamarás Señora.
    
    −Como usted mande, Señora.
    
    −Uff, aquí hace mucho calor –dijo.
    
    En ese momento dejó de tocarme y en pocos segundos se había quitado la blusa y el sostén. Las copas del sujetador eran como carpas de circo, cosa lógica con las ubres que tenía y que, con lo gordas y viejas que eran, le colgaban hasta la cintura. Pero aquello a mí me ...