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Mi primera vez
Fecha: 13/08/2026, Categorías: Gays Autor: LorienWhisper, Fuente: TodoRelatos
... como si hubiera nadado cinco kilómetros, Simón me estaba viendo desde el otro carril. No se rió. No me juzgó. Solo alzó una ceja, sonrió leve, y dijo: —¿Todo bien? —Sí —mentí, tragando cloro—. Todo bajo control. Él se rió un poco. No en mala onda. Fue más como… ternura mezclada con burla. Y esa sonrisa me dejó peor que el agua fría. Después de eso siguieron varios ejercicios básicos. Y yo seguí haciendo el ridículo, por supuesto. No me coordino bien. Si pataleo, me olvido de respirar. Si respiro, dejo de avanzar. Si trato de avanzar, parezco un zombi en cámara lenta. Mientras tanto, los otros nadaban con técnica. Se deslizaban como peces con abdominales. Y ahí iba yo, tragando agua y ansiedad al mismo tiempo. En algún punto, cuando hicieron una pausa, me senté al borde a descansar. Ahí fue cuando empecé a mirar más de la cuenta. No lo hacía con morbo (bueno, tal vez un poco). Era como si mi cuerpo mirara por sí solo. Los muslos marcados, las gotas escurriendo por las espaldas, los trajes de baño pegados a los cuerpos mojados… Todo era demasiado. Y de nuevo, mis ojos se iban a Simón. Estaba de espaldas, escurrido por el agua, con el short tan ajustado que parecía pintado. Su espalda tenía una forma casi perfecta, y su nuca mojada me pareció… no sé… sexy. ¿Eso era sexy, no? Me regañé mentalmente. Me metí otra vez al agua como para enfriarme. Pero ya sabía que algo dentro de mí se había ...
... activado. Y que no iba a apagarse tan fácil. La clase terminó y, aunque quería salir corriendo, me quedé en la orilla un rato más, secándome el pelo con la toalla que traía. Simón estaba recogiendo sus cosas, despreocupado, como si acabara de hacer un paseo por el parque y no una rutina de natación intensa. Se me acercó y me lanzó una sonrisa cómplice. —Oye, Bruno, no te desanimes. Al principio todos la cagamos un poco. Quise creerle. Aunque me sentía un estorbo, como si hubiera ido solo para hacerle bulto a la clase. —Gracias —le dije, bajando la mirada—. Pero no sé si voy a lograrlo. Él se encogió de hombros, relajado. —Pues mira, con que no te ahogues ya es ganancia. Solté una risa leve. Fue un alivio sentir que no todo era juicio en esa alberca. —¿Y tú cuánto llevas en esta clase? —le pregunté, solo por seguir la conversación. —Desde el primer semestre. Ya me falta poco para terminar la carrera, así que es mi último ciclo en natación. Pero está chido. Ya conozco a todos. —Se nota —le dije—. Tú nadas como si fueras parte del agua. Él sonrió, sin falsa modestia. —Es práctica… y también costumbre. Uno se siente en casa aquí. Me dio un golpecito en el brazo, como quien dice “ánimo, no te rajes”, y agarró su mochila. —¿Vas a la cafetería? —preguntó casual, mientras se colgaba la toalla al hombro. —Sí, un rato. Me toca clase después. —Va, yo también. A ver si nos topamos por allá. Asentí, y por dentro sentí ese pequeño ...