-
Descubrí los secretos de mi madre en las vacaciones
Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Sexo con Maduras Zoofilia Autor: lordlunatico, Fuente: SexoSinTabues30
... susurré en su oído. «Solo siente.» Y así, en la intimidad de mi habitación, te desnudarías para mí. Ella no me dijo nada, solo se levantó y comenzó a quitarse la ropa lentamente, disfrutando cada movimiento. Primero, se desabrochó la blusa, botón por botón, dejando al descubierto su piel suave y sedosa. Sus senos, grandes y firmes, se movían ligeramente con cada movimiento que hacía, y sus pezones, ya erectos, se asomaban tentadoramente. Luego, se bajo la falda y la deslizó por sus caderas, revelando un par de bragas de encaje negro que realzaban sus curvas. Se dio la vuelta, dándome una vista completa de su cuerpo, se agacho dejando ver su culo, su ropa interior la deslizó por sus piernas largas y delgadas quedando completamente desnuda frente a mí. Se acercó a mí, su cuerpo moviéndose con una gracia sensual. Le indiqué que se sentara en la cama y abriera las piernas. Ella enseguida lo hizo, sin dudar ni un momento. Se recostó en la cama, sus piernas abiertas, invitándome a explorar cada rincón. Sus ojos, llenos de deseo, me miraban fijamente, esperando mi siguiente movimiento. Me acerqué a ella, mis manos recorriendo su cuerpo, sintiendo cada curva y cada pliegue. Mis labios encontraron los suyos, y nos besamos profundamente, nuestras lenguas entrelazándose en un baile de pasión. Mis manos bajaron por su cuello, acariciando su piel suave, y luego se detuvieron en sus senos. Tomé uno de sus pezones en mi boca, chupándolo y lamiéndolo, mientras mi mano jugaba ...
... con el otro. Ella jadeaba, sus manos agarrando las sábanas con fuerza, mientras el placer recorría su cuerpo. Mis besos continuaron bajando, explorando su vientre plano y sus caderas redondeadas. Finalmente, llegué a su entrepierna, y mi lengua encontró su clítoris, ya hinchado y sensible. Lo lamí suavemente, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba de placer. Ella gemía y jadeaba, sus caderas moviéndose al ritmo de mis caricias. Introduje un dedo en su vagina, sintiendo cómo se contraía alrededor de mí. Luego, otro dedo, moviéndolos lentamente al principio, y luego más rápido, mientras mi lengua continuaba su trabajo en su clítoris. Ella gritaba de placer, su cuerpo temblando de deseo. «Más, más,» jadeó, sus manos agarrando mi cabeza, guiándome hacia donde más lo necesitaba. Aumenté el ritmo, mis dedos y mi lengua trabajando en perfecta sincronía, llevándola cada vez más cerca del orgasmo. Su cuerpo se tensó, y un grito de placer escapó de sus labios mientras llegaba al clímax. Su cuerpo se convulsionó, y una lluvia de fluidos mojó mis dedos y su entrepierna, empapando las sábanas. Mientras ella se recuperaba del orgasmo, me desnudé rápidamente. Ya tenía una erección, y mi pene palpitaba de deseo. Sin pensarlo dos veces, tomé sus piernas y las abrí aún más, exponiendo su vagina húmeda y lista. Me posicioné entre sus piernas, sintiendo el calor de su cuerpo. Con una sola embestida, penetré su vagina, que estaba tan mojada que mi pene entró con facilidad, deslizándose ...