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Me cogí a la anciana que pedía dinero
Fecha: 15/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM Hetero Sexo con Maduras Autor: Vato loco, Fuente: SexoSinTabues30
... que estaba llena de billetes. A la vieja hasta le brillaron los ojos, y en automático dejó de llorar. En ese momento, saqué un billete de 100 pesos y le dije: «Tenga». Lo tomó y me empezó a decir que hacía eso porque no tenía otra forma de vivir, y muchos pretextos que no me importaban y no creía. No paraba de agradecerme, y en ese momento me percaté de que se le cayó el billete. Al agacharse, se le subió la falda, y noté que no traía calzones y que se cargaba un culo más que aceptable y regordete. En ese momento, mi mente ya estaba bien viajada, y no me importaba nada; yo lo único que quería era meterle la verga a esa vieja ruca. La anciana levantó el billete, y le dije, ya en un tono amable: «Señora, le doy otros 100 pesos, pero, por favor, ayúdeme a encontrar un hotel para pasar la noche y, sobre todo, a dejar unas bolsas con compras que traigo en el carro». La anciana, ya más en confianza, me respondió: «Sí, claro, joven. De hecho, acá a la vuelta hay un hotel. Me parece que no es caro, solo que ahí van mucho las mujeres que se dedican a hacer cochinadas». Me reí y le dije: «No me importa, solo quiero pasar la noche y que usted me ayudé con unas bolsas de compras que hice en la mañana en otros pueblos». Me respondió: «Sí, claro, joven. Permítame, le digo a mi hija para que nos acompañe». En ese momento, le dije: «No, no, vámonos ya. Si no, no le doy otros 100 pesos como propina». La anciana, con tal de no perder los 100 pesos, se dio media vuelta y me ...
... comenzó a seguir hacia donde tenía el carro estacionado. Me metí al carro, le abrí la puerta desde adentro y le dije: «Bueno, dígame dónde está el hotel». Me puse nervioso de que no quisiera entrar al carro, pero, en realidad, ni vergüenza me daba que me vieran con ella porque ni soy de ahí; total, nadie me conocía. Eso me llenó de confianza para hacer lo que quería. La anciana entró al carro y me dijo: «Joven, qué bonito carro, está nuevecito y huele rico». Me comenzó a hacer preguntas tontas que yo ni caso le hacía; solo le preguntaba dónde quedaba el hotel, en ese momento ya mi pito mostraba señales de pararse. Llegamos al hotel, que estaba como a unos cinco minutos de donde la había levantado, y me dijo: «Es aquí». Entré con el carro, y me dice: «Joven, yo lo espero afuera». Un poco espantada, la anciana. Por el nerviosismo que tenía la vieja, decidí generar más confianza entre nosotros y le dije: «Señora, perdón, ni siquiera me he presentado ante usted. Me llamo Daniel, mucho gusto. ¿Y usted cómo se llama?». Me respondió: «Me llamo Leonor, pero dígame Leo». «Está bien», le dije. «Doña Leo, si se queda afuera, ¿cómo me va a ayudar con las bolsas? Allá le pago y después se sale como si nada. Total, el estacionamiento es grande y parece que no se ve quién sale, solo se ve cuando entran los carros». Se puso pensativa y me dijo: «No sé, joven». Yo, con tal de que no se me fueran mis planes abajo, le dije: «Tenga, le doy 100 pesos, pero ayúdeme, por favor». Manteniendo una ...