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Me cogí a la anciana que pedía dinero
Fecha: 15/08/2026, Categorías: Dominación / BDSM Hetero Sexo con Maduras Autor: Vato loco, Fuente: SexoSinTabues30
... avariciosa; al final, no le importó y agarró el dinero. Cuando lo contó, dijo: «Son 1700 pesos, sí es algo de dinero». En ese momento, le agarré las tetas ahí sentada y me llevé una sorpresa: sus tetas sí estaban de buen tamaño, que por traer su vestimenta típica no se le notaban tanto. La vieja era chaparra, que mientras estaba sentada, su cara casi quedaba a la altura de mi verga. Cuando sintió que le agarraba las tetas, dio un ligero salto, cerró los ojos, y en ese momento aproveché para bajarme el pantalón y sacarme rápido el pene, que ya estaba bien parado. Ella no se dio cuenta hasta que sintió la cabeza de mi verga rozando sus labios resecos. Abrió los ojos rápidamente y se espantó por la escena, que intentó pararse y no la dejé. En ese momento, mi actitud ya era otra; era como si el diablo se hubiera apoderado de mí. Doña Leo me dijo: «Ay, Dios mío, joven, ¿qué hace? Esa cosa está muy grande». Debo ser honesto, no me considero de verga grande como la que luego leo en los relatos de weyes, según súper pitudos, que ni ellos se la creen. Mi verga no es ni gigante ni pequeña, pero sí tiene buen tamaño, que las mujeres con las que he estado siempre quedan admiradas y, sobre todo, satisfechas. Doña Leo se sentía incómoda de tener mi miembro justo en su cara, pero, a la vez, veía su cara como de asombro y, a la vez, con curiosidad. Le dije: «Ande, agárrela, que no muerde, doña Leo». La señora no decía nada, solo estaba pasmada viendo mi pene. Fue entonces cuando ...
... decidí acelerar el proceso. Agarré su mano derecha e hice que me agarre el pene. Le dije: «Acarícielo». La señora, al principio, puso la mano dura, como en señal de resistencia y no querer hacerlo. Fue cuando mi paciencia se agotó. Le dije: «Mire, doña Leonor, o la agarra y la acaricia, o me quedo con todo el dinero y le quito también el que ya le había dado anteriormente». La señora, como que sintió miedo de irse con las manos vacías, que su avaricia por el dinero era más fuerte que todo. En ese momento, me dice: «No, no, joven, espere. Es que entiéndame, yo nunca he hecho esto. Bueno, nunca he estado con otro varón que no sea mi esposo. Además, tiene mucho tiempo que no hago nada de nada con él porque ya está muy grande, casi 90 años, enfermo, y ya ni se le para. Y todavía usted me pone su cosota enfrente de mi cara. Dígame usted si no es para que me espante. No es fácil para mí. Sí necesito el dinero, y por eso haré lo que me pide, pero solo téngame paciencia». Sus palabras hicieron que la comprendiera, y fue que le dije: «Está bien, doña Leo, como usted diga». Le dije: «Sóbeme la verga, por favor». La señora comenzó a tocarme suavemente mi pene, pero, a la vez, de manera brusca. Le dije: «Más suave, hágalo como si estuviera sobando sus pies o sus brazos con su crema». Fue que recordé el lubricante. Le dije: «Espere». Tomé el lubricante y los condones de una bolsa, destapé el lubricante, mientras ella solo observaba, ya tranquila y esperándome. Llegué de nuevo con ella, le ...