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The last of us -El Mundo Oscuro- 11. Elecciones
Fecha: 18/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: relatosAnneyJohn, Fuente: TodoRelatos
... algo contundente, aunque quería imaginarme ser empalada por una gran polla que no me permitiera andar, mi cabeza no paraba de pensar y pensar, una vez tras otra, hasta que de repente, como si me hubieran metido una patada en el vientre, o una barra de hierro por el culo, lo vi todo perfectamente claro: —Yo soy infértil, y la niña no es mía, ni suya, llegó un día aquí siguiendo a los perros. —¿Sería capaz Eduardo?. Laura me dijo que la niña debía tener unos 8 o 9 años, quizá algo más, o eso es lo que les había dicho. El sexo siempre me ayudaba a pensar, a relajarme, a ver la cosas mejor, pero ahora no tenía nada ni a nadie a mi alcance. Las palabras de Laura, las miradas de la niña, la forma en que Eduardo la observaba cuando pensaba que nadie miraba. El olor agrio de su habitación, el modo en que hablaba de "formar una familia" como si fuera una obsesión. No, peor: como si fuera una necesidad. -Piensa Anne, ¡piensa joder! Alcé la vista, estaba en una gasolinera, y vi un cartel de propaganda de unas vacaciones en las que aparecía una familia en la portada, en la playa, y como un bala, lo vi: Eduardo había perdido a su mujer y a su hija. Y ahora vivía construyendo una réplica. Laura, obediente, infértil, convertida en consuelo. Y la niña... la niña como una semilla futura. Cuando tuviera edad suficiente, cuando "estuviera lista". El asco me subió a la garganta, no pude evitarlo, vomité ahí mismo. Miré atrás y tomé una elección, decidí volver. Regresé cuando el ...
... sol ya caía, envuelta en la niebla del crepúsculo. Rodeé la casa por detrás, por el campo de árboles secos. Los perros me reconocieron y por suerte no ladraron. Uno me olfateó la mano y se tumbó, El otro, el husky me seguía como una sombra. El generador vibraba en el cobertizo, encontré una moto en él, ¿Todavía funcionaría? La ventana de la cocina estaba entreabierta. Me acerqué sin hacer ruido. Dentro, Laura lavaba platos con movimientos mecánicos. Vi a Eduardo, sentado en la mesa, bebía en silencio. La niña jugaba en el suelo, sola, haciendo torres con latas vacías. No hablaban, no decían nada. Esperé. Observé, y luego fui directa a la puerta principal. No tuve más opción que llamar a la puerta, Eduardo me abrió con la camisa abierta, ojeras profundas y un vaso de whisky en la mano. Sonrió, como un animal que huele carne. —Sabía que volverías. —Necesito descansar... —dije, bajando la mirada— —Claro, claro...Pasa Anne. Me dejó pasar. Laura apareció desde el pasillo aunque no dijo nada, solo me miró con unos ojos que no entendí en ese momento: ni miedo, ni alivio, o quizá preocupación por lo que me había contado la noche anterior. Algo entremedias, como si mi presencia no presagiara nada bueno para ella. Eduardo me ofreció una copa. Esta vez la tomé. —¿Y qué es lo que buscas aquí, Anne? —preguntó él, acercándose—. ¿Refugio? ¿Alguien que sepa cómo mantener viva una familia? —Quizás. O alguien que sepa tratar a una mujer... Llevo mucho tiempo sola ...