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La mascota del profesor.
Fecha: 21/08/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Gays Autor: Escritornocturno, Fuente: SexoSinTabues30
... fuerza. Sentía la sangre arderle en las sienes. El profesor Sebastián no solo era estricto: era un cabrón. Y parecía disfrutar cada oportunidad para humillarlo frente a todos. ¿Pero por qué él? ¿Por qué siempre él? Derek hizo una mueca y comenzó a escribir en su cuaderno. Sostenía el lápiz con tanta fuerza que parecía a punto de romperlo. Estaba furioso, pero no podía permitirse estallar. Pasó apenas un minuto cuando, sin decir una palabra, se levantó y caminó hacia el escritorio. Le entregó el papel al profesor Sebastián, que lo tomó con una ceja arqueada y el ceño fruncido. Lo examinó en silencio. —Te espero después de clases en mi oficina —dijo finalmente, arrancando la hoja del cuaderno y guardándola en el bolsillo interior de su chaqueta. La sonrisa desafiante de Derek se evaporó al instante. Solo quedó miedo. Joder. Había tenido el valor para hacerlo, sí. Pero no había pensado en las consecuencias. Y ahora el profesor lo esperaba a solas. Horas después, Derek estaba frente a la puerta de la oficina de Sebastián. Tragó saliva, levantó el puño tembloroso y dio tres toques secos. Desde adentro, una voz firme respondió: —Adelante. El interior estaba pulcro y ordenado, decorado con estanterías llenas de libros gruesos, trofeos académicos, y varias fotos del profesor en conferencias o recibiendo premios. Derek sintió que el aire se volvía más denso a cada paso. Sebastián lo miraba desde detrás del escritorio, con una expresión difícil de ...
... descifrar. Sus ojos oscuros lo examinaban con una mezcla de desdén y curiosidad. —Es usted un problema, joven Loreto —dijo al fin—. Me he topado con muchos como usted. Rebeldes. Insolentes. Que se creen por encima de las reglas. Que piensan que esta escuela les pertenece. Sacó la hoja de su chaqueta y se la tendió a Derek. —Lea en voz alta. ¿Qué dice? Derek tomó el papel con manos temblorosas. Su voz apenas fue un susurro: —»Jódase… viejo.» Un silencio incómodo se apoderó del lugar. —¿Usted se cree gracioso? —preguntó Sebastián, con una calma que daba más miedo que si hubiese gritado—. Podría hacer que lo expulsen ahora mismo. Derek bajó la mirada. El corazón le latía con fuerza, y por primera vez en mucho tiempo, no tenía una respuesta lista. —Lo siento —susurró Derek. Pero no lo sentía. No realmente. Lo único que deseaba era gritarle lo que de verdad pensaba, escupírselo todo en la cara: cada humillación, cada comentario velado, cada vez que lo hizo sentirse menos que los demás. Pero no podía. No ahí. No ahora. El profesor se levantó de su asiento con una lentitud casi teatral. —Quiero que me mire a los ojos, Loreto —ordenó, con ese tono de voz seco, irritante, tan perfectamente calibrado para hacerle sentir como un insecto. Derek levantó la vista con esfuerzo. Se obligó a mirarlo. Los ojos oscuros del profesor Sebastián lo observaban con una intensidad feroz. Parecían más negros que nunca, llenos de juicio, de furia contenida. —Yo… lo ...