1. La sobri. Cap 2


    Fecha: 21/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Cjbandolero1, Fuente: TodoRelatos

    ... madre e hija con sus caprichos pijos. Las tetas de itziar en cambio eran más pequeñas pero no por eso peores, al contrario, a él le parecían perfectas. Si llega a heredar los tetones de su madre ya seria la bomba la niña. Su madre gastaba en ropa y tratamientos de belleza como si el dinero creciera en los árboles, pero luego le echaba la bronca a Itziar por querer un bolso de 400 euros. “Tú no sabes lo que cuesta ganarse la vida”, le decía, mientras se compraba otro par de botas de marca. Su padre, Juan, era más tranquilo, un contable que vivía para complacer a Maite y evitar discusiones, aunque tampoco olvidaba las apariencias, pero él en los coches, por eso poseían un Audi blanco de esos tipo suv. Nunca se metía en los dramas de su mujer y su hija, solo asentía y pagaba las facturas. Luego estaba su hermano pequeño, Dani, de 16 años, un adolescente pasota que pasaba más tiempo con los auriculares puestos y jugando a la Play que hablando con nadie. Eran una familia que funcionaba en la superficie: todos sonreían en las fotos, todos presumían de sus vidas perfectas, pero en el fondo cada uno iba a lo suyo. Itziar lo sabía, y por eso no le sorprendía que nadie hubiera notado que llevaba días más callada de lo normal, casi enfadada.
    
    Ese domingo, después de la comida familiar en casa de Maite y Juan, la casa estaba más vacía de lo habitual. Maite después de recoger se había ido con unas amigas a “tomar un café que seguro se alargaba hasta la cena”, según sus palabras. Juan y ...
    ... Dani habían salido al cine a ver una película de superhéroes que a Itziar le importaba un pimiento. Y Ricardo… bueno, Ricardo estaba allí porque su mujer, Laura, había insistido en que fueran a comer a casa de su hermana ese domingo. Laura era maja, demasiado maja, de esas personas que siempre están sonriendo aunque no tengan motivos. Era más pequeña que su hermana Maite porque llegó casi de sorpresa cuando Maite era ya casi una adolescente de doce años. Pero también estaba embarazada de siete meses, y el calor de mayo la tenía agotada, así que se había ido a casa a descansar después de tomar un café rápido. Ricardo, en cambio, se había quedado. “Voy a ayudar a recoger”, había dicho, aunque nadie le creyó del todo. Y ahora ahí estaban, solos en el salón, con el tic-tac del reloj de pared como único testigo.
    
    Ricardo estaba de pie junto a la ventana, mirando la calle con una cerveza en la mano que había sacado de la nevera sin pedir permiso. Llevaba una camiseta negra que se le pegaba al pecho y unos vaqueros desgastados que le daban un aire despreocupado. Se giró cuando oyó a Itziar moverse en el sofá, y sus ojos se detuvieron un segundo de más en la camisa de ella. La abertura entre botones era como un imán, joder. Tuvo que obligarse a mirar hacia otro lado, pero no antes de que una imagen se le colara en la cabeza: Itziar quitándose esa camisa, botón a botón, con esa cara de niña mala que ponía cuando quería salirse con la suya. Sacudió la cabeza y dio un trago largo a la ...
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