1. La sobri. Cap 2


    Fecha: 21/08/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Cjbandolero1, Fuente: TodoRelatos

    ... cerveza. No era el momento. Ni el lugar. Ni nada.
    
    —¿Qué, sigues de morros por lo del bolso? —dijo, rompiendo el silencio. Su voz tenía ese tono sarcástico que usaba siempre con ella, como si estuviera probando hasta dónde podía llegar.
    
    Itziar levantó la vista, sorprendida de que sacara el tema. Había estado pensando en cómo sacar lo de la comunión sin parecer una loca, y ahora él le ponía la excusa en bandeja. Se incorporó un poco en el sofá, apoyando un brazo en el respaldo, lo que hizo que la camisa se abriera ligeramente entre los botones. No se dio cuenta, o quizá sí. Con ella nunca se sabía.
    
    —No estoy de morros —mintió, con ese tono de “no me toques los cojones” que era puro Maite—. Solo estoy harta de que mi madre sea una rata, nada más. Pero ya lo tengo superado.
    
    Ricardo se rió, una risa grave que llenó el salón. Se acercó al sofá y se dejó caer en el otro extremo, dejando un espacio prudencial entre ellos. La cerveza descansaba en su rodilla, y el olor de su colonia llegó hasta Itziar, mezclándose con el café que aún flotaba en el aire.
    
    —Superado, dice —repitió, mirándola de reojo—. Venga, Itziar, que se te ve en la cara que estás pensando en ese bolso como si fuera el amor de tu vida. ¿Tan importante es?
    
    Ella puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar una sonrisa pequeña. Ricardo siempre hacía eso: pincharla hasta que ella mordía. Y aunque no lo admitiría, le gustaba que le prestara atención. Era diferente a los tíos de su edad, que solo querían ...
    ... meterle mano después de dos copas. Ricardo tenía… presencia. Y eso la ponía nerviosa.
    
    — No es solo el bolso, ¿vale? —dijo, girándose un poco para mirarlo de frente. La camisa se tensó, y el sujetador quedó aún más a la vista. Ricardo lo notó, claro, pero fingió que miraba el cojín que ella tenía en el regazo—. Es que estoy harta de quedar como la pobrecita. Mis amigas tienen de todo, y yo tengo que estar pidiéndole favores a mi madre como si fuera una cría. Es humillante.
    
    —Humillante —repitió Ricardo, con un tono que era mitad burla, mitad curiosidad. Dio otro sorbo a la cerveza y se recostó en el sofá, estirando un brazo por el respaldo. Sus dedos estaban a centímetros de la espalda de Itziar, pero no la tocó—. Joder, qué dura es la vida de la princesa, ¿eh? No sé cómo lo soportas.
    
    Itziar resopló, pero no se apartó. Había algo en la forma en que él la miraba, como si estuviera midiéndola, que la hacía querer seguir hablando. Querer demostrarle algo, aunque no sabía qué.
    
    —No es una broma, gilipollas —dijo, pero su voz tenía un toque de risa—. Tú no lo entiendes porque no tienes que estar mendigando para comprarte lo que quieres. Seguro que mi tía te da todo lo que pides, ¿no?
    
    Ricardo alzó una ceja, divertido. La mención de su mujer le hizo tensarse un poco, pero no lo mostró. En lugar de eso, se inclinó hacia ella, solo un poco, lo suficiente para que el espacio entre ellos se sintiera más pequeño.
    
    —Laura no tiene nada que ver con esto —dijo, bajando la voz—. ...
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