1. El calor de la cuñada vulgar y sucia


    Fecha: 23/08/2026, Categorías: Fetichismo Autor: Faridlmm07, Fuente: CuentoRelatos

    ... rio. Una risa corta, tensa, casi divertida.
    
    —¿En serio, mamá? ¿Tú también?
    
    Gloria ni se inmutó. Solo levantó una ceja.
    
    —¿Qué te puedo decir? Soy mujer antes que madre.
    
    Marcela me miró de nuevo. No con celos. Con algo peor: deseo disfrazado de enojo.
    
    —¿Te gustan así, eh? Con años de ganas guardadas, con el cuerpo al natural, con historia en cada pliegue…
    
    Se acercó a mí, más seria.
    
    —¿Y si te dijera… que no me molesta?
    
    Puso una mano en mi pecho.
    
    —¿Y si te dijera que quiero que sigas… pero que no lo hagas solo?
    
    Me tembló todo.
    
    Marcela se volvió hacia su madre.
    
    —¿Y tú, qué dices?
    
    Gloria la miró de reojo, con esa media sonrisa que solo tienen las mujeres que ya no piden permiso para nada.
    
    —Pues si ya compartimos sangre… ¿por qué no compartir placer?
    
    Marcela soltó la sábana y la dejó caer. Estaba sudada, segura, encendida.
    
    —Entonces no te vayas.
    
    —Hoy, el calor… lo sudamos los tres.
    
    Dos cuerpos, un mismo deseo
    
    La casa estaba en silencio, pero el aire seguía espeso. Olía a café, a piel húmeda, a deseo.
    
    Lina, joven, con la piel brillante por el sudor, caminó hacia mí sin prisa.
    
    Desnuda. Firme. Ardiente.
    
    —¿Te vas a echar para atrás ahora? —susurró.
    
    Detrás de ella estaba Eva, la mujer ...
    ... mayor.
    
    Voluminosa. De curvas reales. Con un vestido largo que aún chorreaba sudor por las caderas.
    
    El vello oscuro de sus axilas estaba visible, brillante, y su mirada… tranquila. Poderosa.
    
    —Ya respiraste nuestro olor —dijo Eva, acercándose—. Ya sabes a qué saben nuestros cuerpos.
    
    —Ahora no vas a escapar.
    
    Lina me besó primero. Su boca era dulce y salada. Me lamía el cuello como si me quisiera marcar.
    
    Eva se acercó por la espalda, su pecho grande apretándose contra mí, su aliento caliente en mi oído.
    
    —Nos gustas… tal como eres.
    
    —Pero hoy… tú eres nuestro.
    
    Caímos a la cama. Las dos encima de mí.
    
    Piel mojada. Axilas abiertas. Pezones grandes y oscuros. Vello entre sus piernas. Pies descalzos marcados por el piso caliente.
    
    Yo era una presa sin fuerza.
    
    Eva me sujetó la cara con una mano firme. Me la llevó hacia su pecho sudado.
    
    —Lame. No preguntes.
    
    Y lo hice.
    
    Lina se sentó sobre mis piernas, su aroma subía con el vapor del calor. Me besaba el pecho, el estómago.
    
    Sus muslos, suaves y peludos, me atrapaban.
    
    Me cubrieron. Me cerraron entre sus cuerpos, sus olores, sus gemidos bajos y sus miradas llenas de fuego.
    
    Y en ese momento entendí:
    
    No hay nada más erótico que dos mujeres sin miedo… sudadas, naturales, y completamente decididas. 
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