1. Entre deseo y secretos: el hijastro perfecto


    Fecha: 27/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Isabella, Fuente: TodoRelatos

    ... respondí.
    
    Abrió su pantalón, sin sacarse la ropa del todo. Solo lo justo. Yo sentí cómo me tocaba con la punta, cómo buscaba el lugar exacto. Me agarré fuerte de sus hombros.
    
    Entró despacio. Denso. Lleno. Ardiente. Y me quedé sin aire.
    
    Empezó a moverse con un ritmo perfecto, firme, pero sin apuro. Su boca besaba mi cuello. Mis piernas lo rodeaban, lo apretaban contra mí. La cocina entera parecía contener la respiración.
    
    Yo gemía en su oído. Él me decía cosas bajito.
    
    –Te gusta puta, ¿te gusta cogerte a este pendejito?.
    
    –Si, que rica pija. Cogeme mas fuerte. No éramos desconocidos.pero sabíamos que era prohibido. Nunca había cogido en la cocina de mi novio, y jamas me imagine que mi primera vez iba a ser con su hijo. Bombeaba como si supiera lo que hacia.
    
    Cuando acabé, fue violento.Clave mis uñas en su espalda. Incontrolable. Me arqueé sobre la mesada como si algo me atravesara.
    
    Saco su pija violentamente, me dio vuelta y me ensalivo el culo, y fue asi que me bombeo el culo de una manera violenta mientras apretaba mi cabeza contra la mesada, sentía el frio y el calor mientras ...
    ... gemía como una puta.
    
    Luego de unos minutos, acabo con chorros que salían con una fuerza que hacen que gimiera como nunca.
    
    Nos quedamos así.
    
    Sudados, pegados, envueltos en ese silencio que solo aparece cuando el cuerpo dice todo lo que la boca no puede.
    
    Cuatro horas después, el silencio de la casa se rompió con el ruido del motor que se acercaba por el camino de tierra. Juan Carlos volvía.
    
    Yo ya estaba duchada, el agua había borrado el sudor y las marcas de la noche, pero no podía esconder la vibración que aún recorría mi cuerpo. Me sequé el cabello con calma, disfrutando de la sensación de la piel limpia, pero mi mente volvía a él, a Federico, a esos momentos robados.
    
    Cuando escuché las llaves en la puerta, el corazón me dio un vuelco. Me vestí con algo sencillo, fingiendo normalidad.
    
    —Llegué —dijo Juan Carlos al entrar, cansado pero contento.
    
    Lo saludé con una sonrisa que escondía mucho más de lo que decía. Él no notó nada. Y yo disfruté ese secreto.
    
    Esa misma noche, mientras él dormía, la casa volvió a llenarse de susurros, caricias y promesas que solo él y yo sabíamos. 
«1234»