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El equipo de futbito (II)
Fecha: 30/08/2026, Categorías: Gays Autor: Bastian Baltux, Fuente: TodoRelatos
Como te digo, al equipo lo pillé desmotivado. Carecían de espíritu colectivo y de rituales que lo cohesionaran. En cambio, que se conocieran tanto era un punto de partida muy positivo. Me propuse crear un ritual para que empezáramos a sentir que éramos una familia. Y Ernesto debía ser parte de él. Convoqué a Luis en mi despacho. Una reunión privada. —¿Eres supersticioso? —le pregunté—. Todos los somos, en mayor o menor medida. Tú seguro que también, a tu manera. Las creencias están muy arraigadas en el ser humano desde que empezamos a dejar de ser monos. —Hice una pausa. El chico me miraba en silencio. —Un equipo no es solo un grupo de jugadores, Luis. Hay más elementos que lo forman. Elementos intangibles que tienen que ver con las relaciones entre los miembros. Yo… Estoy buscando cómo mejorar esos intangibles con vosotros y mira, te voy a preguntar una cosa que espero que me contestes con honestidad y confianza. Si me dices que no, no pasa nada, no quiero crear ningún mal rollo. Solo espero que lo entiendas. Me había sentado a su lado. Le hablaba en tono bajo y grave, para crear intimidad. —Se refiere a mi chico, ¿no? —dijo. —Tú los viste —asentí—. Les puso las pilas. —¿Las pilas, míster? Estaban empalmados como monos. Si hasta los padres hacían comentarios. —Pero, ¿ganamos o no? —dije, agarrándolo de la muñeca. Esperé en silencio, a su lado, dejando que la pregunta resonara en su cabeza. Con las manos se sujetaba a los brazos de la silla. Había ...
... cruzado la pierna derecha sobre la izquierda y la holgura del pantalón me permitía verle la cara interna del muslo. Los pezones se le marcaban en la camiseta, lo que me recordó las rechonchas manos de su chico. —Como monos, míster —repitió. —Mira, eso no te lo puedo negar —admití, soltando su mano—. Por eso te he llamado, porque quiero hacerte una propuesta y que quede entre nosotros. —No soy tonto —me interrumpió—. Lo que quiere es que se pase por el vestuario antes de cada partido. Y, si puede ser, que te zorree, pensé, pero lo que añadí fue: —Solo para motivarlos, nada más. Puede darte un pico o venir con pompones y pantuflas, yo qué sé. Lo que a los dos os parezca bien. ¿No me digas que no piensas que estos han jugado bien, justamente, porque estaban cachondos? Y cuando ellos juegan bien, tú brillas más. Mira el partido del otro día. De los nueve goles, casi la mitad fueron tuyos. —Tomé aire, resoplé, me rasqué la frente. —Y, la verdad, no sé qué otra cosa puedo hacer por ahora. No quedan tantos partidos. Si no remontamos, bajaremos de categoría, ningún patrocinador nos buscará y el equipo acabará desapareciendo. —Tampoco nos ha buscado nunca ninguno. —A lo mejor es que no hemos hecho méritos suficientes. Mira, Luis. Podemos probar uno o dos partidos, si te parece bien, solo eso. Siempre, repito, que él también esté de acuerdo y no suponga un problema entre vosotros. Bueno, ¿qué?, ¿te lo vas a pensar? Luis tamborileó sobre su rodilla con los dedos. ...