1. El equipo de futbito (II)


    Fecha: 30/08/2026, Categorías: Gays Autor: Bastian Baltux, Fuente: TodoRelatos

    ... fin, los benditos calzoncillos.
    
    Uno a uno, agarrándose las vergas, los chavales entraron en las duchas, bromeando.
    
    La reacción de Luis a los comentarios jocosos de sus compañeros me sorprendió. De buen humor por la victoria, les seguía el rollo. Como te he dicho, no sabía el tipo de relación que tenía con su novio, pero exhibirlo parecía un juego que apreciaba.
    
    Me paseé por el vestuario, por delante de las duchas. Los vi desnudos, enjabonándose las axilas y por debajo de los huevos. Las risas se oían mezcladas con los chorros de agua. A José Luis lo pillé meneándosela.
    
    José Luis era grueso, rubio y con los ojos azules. A pesar de esta descripción, era el menos guapo del núcleo principal del equipo. Tenía los ojos saltones, un poco separados, y unos pelillos entre las cejas que, por mucho que se los depilaba, a los pocos días le volvían a salir.
    
    El siguiente partido pasó lo mismo. Ernesto visitó a mis chicos en el vestuario, se morreó delante de todos con su novio, dejó que ellos se lo comieran con la mirada y se marchó. Sin embargo, sufrimos mucho para ganar.
    
    Convoqué a Luis en mi despacho. La estructura de la reunión sería comentario positivo, tirón de orejas, y final retomando lo positivo.
    
    —No sé qué decir, míster —dijo—. Creo que ellos eran mejores.
    
    —Solo están dos puestos por encima —repliqué—. Tan buenos no son. Si nos hubieran ganado sí ...
    ... tendríamos un problema.
    
    —Ya lo sé, ya.
    
    Luis tenía una expresión de auténtica preocupación.
    
    —Eres el capitán porque eres el mejor —dije—. Y como capitán, tienes la responsabilidad de recuperar para los chicos esa energía del primer partido. Yo sé que puedes y en lo que pueda yo te apoyaré. ¿Qué se te ocurre que puedes hacer?
    
    —Necesitamos... —dijo, pensativo—, necesitamos afianzar esto. Que no parezca casual, sino que ellos sepan que lo tienen.
    
    —Un estímulo antes de jugar. Un ritual.
    
    —Nuestro ritual.
    
    Continué tirando del hilo, como si pensara en voz alta.
    
    —Pero debe haber algo más, Luis. Debemos dar un paso más. Los chicos tienen que salir a jugar con la misma energía que la primera vez —insistí.
    
    Cargándose la mochila a los hombros, respondió:
    
    —Déjeme ver, míster.
    
    —Confío en ti, capitán.
    
    Y se marchó.
    
    Estaba en juego mi orgullo y mi puesto de trabajo. Yo intuía que Ernesto podía hacer más por el equipo, que Luis no había alcanzado su límite. Esperaba que lo hablaran y llegaran a la misma conclusión.
    
    Ernesto debía, poco a poco, ir dando pasitos, alimentar el deseo de los muchachos hasta incluso, quién sabe, ponerles el culo.
    
    Y ahí estaría yo, para observarlo todo.
    
    No supe nada hasta la noche previa al siguiente partido. Jugábamos fuera de casa, por lo que el mensaje me sorprendió:
    
    Míster, mañana le cuento, pero se viene con nosotros. 
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